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Las similitudes entre Praga y el Sáhara

Hacía mucho tiempo que no actualizábamos el blog y no ha sido por falta de interés, sino por falta de tiempo. El habitual pico de trabajo estival ha sido aún más acusado y se ha prolongado hasta casi los inicios de noviembre lo que físicamente (y sobre todo mentalmente) nos ha dejado un poco tocados (y con muchas ganas de descansar).

En vez de tener una semana de descanso, pensando nuevos proyectos o dedicándonos a la vida “contemplativa”, llegamos a la primera semana de noviembre con el mayor reto profesional al que nos hemos enfrentado. La grabación del piloto de “El Último Ángel” en los campamentos de refugiados de Tindouf en el Sáhara. El Último Ángel pretende ser un programa de TV de reportajes internacionales con un perfil solidario centrado en el personaje del mago “Miguelillo”, que ya estuvo en Haití y Lorca proporcionando un poco de ilusión con su magia a los niños afectados por ambas catástrofes.

Del 5 al 12 de noviembre viviremos en los campamentos de refugiados, hablaremos con políticos locales, estudiaremos a fondo la vida diaria de sus habitantes y cooperantes internacionales, ahora con la intranquilidad de los recientes secuestros de los cooperantes Enric Gonyalons y Ainhoa Fernández de Rincón (españoles) y de la italiana Rosella Urru, pero sobre todo nos centraremos en cómo viven los niños saharauis su día a día en un lugar que ofrece de todo menos facilidades para vivir.

No me imagino cómo es la vida sin más electricidad que la que te proporciona una pequeña batería cargada con luz solar y que da soporte a unas pocas bombillas para eliminar la completa oscuridad del desierto, pero lo voy a vivir en primera persona durante una semana.

La experiencia a la que me enfrento, aunque dista un mundo de otra que paso a relataros, se produce en circunstancias parecidas. Al acabar 2º de carrera (allá por el año 1997), uno de mis mejores amigos (Ángel López Muñoz) me invitó a que hiciera el viaje del “Paso del Ecuador” con él y sus compañeros de la facultad de químicas de la UVa. Era mi primera visita a países del telón de acero y la ilusión que tenía por ese viaje era indescriptible. Conocería Praga, Viena y Budapest a mis 21 años recién cumplidos. Tres ciudades que tenía marcadas en rojo.

Mi primer año de carrera fue duro y durante el mismo me llegué a plantear seriamente si el diseño era lo mío. El segundo año mejoró bastante acabando por convertirme en un “estudiante brillante”, cosa que nunca había sido. El coste de todo ese esfuerzo fue un bloqueo mental y físico bastante grande. Cualquiera que me conociera por aquella época sabía que pasaba 14 horas diarias frente al ordenador, fines de semana incluidos (más o menos como hoy).

Del viaje lo único que me importaba era pasarlo bien con Ángel (no conocía a casi nadie más del viaje) y que mi Minolta estuviera a punto. Nada más salir del aeropuerto de Praga tomé una de las primeras diapositivas del viaje; una parada de autobus compuesta por un neumático medio destrozado, una barra de hierro oxidada de 1 metro de alto y un letrero también oxidado en el que ponía “bus” con rotulador. En ese mismo momento toda la tensión acumulada se desvaneció, volvía a mirar con interés a través del visor de mi cámara, volvía a medir la luz, a encuadrar, a escuchar el obturador y el motor de arrastre del carrete. Era otra persona, me dolían los ojos del ansia con que miraba cada edificio, cada escultura, cada detalle, cada paisaje.

Afronto este viaje de la misma manera. 14 años después necesito poner otras cosas delante del objetivo. Necesito poner otras motivaciones detrás del objetivo. Tengo tantas ganas de ir que no sé si estoy descuidando la maleta de cosas básicas. Voy a contribuir en una acción que mejorará una ínfima parte del mundo, pero alegrará unas pocas vidas (magnitus que realmente me interesa de este viaje). Por eso merece la pena el riesgo (todo el mundo me recuerda que existe). En aquél viaje en Budapest ya tuve el desafortunado honor de oír cómo en el aeropuerto un crío (seguramente cumpliendo su servicio militar) amartillaba su kalashnikov mientras otro chaval registraba mi chaleco lleno de objetivos, carretes y pilas gastadas tras pasar por el arco de seguridad. Sé que esta vez no ocurrirá nada parecido (al menos llevo esa sensación).

El 12 de noviembre os contaré qué tal ha salido todo.

Por cierto, “El Último Ángel” lo realizo junto a Jorge Vallejo de Castro y Zéus Pérez, de E2E4 Media y el mago Miguelillo, de Directo al Corazón Producciones. Ya os diremos dónde se podrá ver el resultado de todo este esfuerzo colectivo.
 
IRRADIACREATIVIDAD, 29/10/2011
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