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Secuestro en el Sahara en la era post-Gadhafi

Ana Camacho

El mundo celebra el comienzo de la era post Gadafi aunque, como ha dicho Hillary Clinton, su muerte no significa que el problema de Libia esté resuelto. Mientras su autoinmolación ya no deja excusas al Comité de Transición Nacional (CNT) para seguir aplazando lo realmente importante (su capacidad de constituir un Gobierno de todos los libios), el ajedrez geopolítico saheliano también se mueve y aceleradamente al rebufo de este cambio de peones en Libia. El secuestro de tres cooperantes en los campamentos de refugiados del Frente POLISARIO ­-–dos españoles y una italiana­–, es buena prueba de ello. 

El secuestro de Ainhoa Fernández de Rincón, Enric Gonyalons y Rosella Urru ocurrió hacia la medianoche y, al hacerse público hoy ha dejado en un segundo plano la resaca informativa de cómo murió Gadafi (que corrió hacia su destinosabiendo lo que le esperaba si no huía a tiempo) o si fue un avión francés o americano el que bombardeó su escondrijo. 

La transición entre un escenario y otro no ha dejado tiempo para los análisis sobre por dónde va a seguir el tsunami desencadenado de las primaveras árabes que parecía haberse atascado con la resistencia del líder de la “revolución” libia. Aunque la inestable situación en Siria, Jordania o Yemen, haga suponer que lo lógico es que el incendio prenda ahora con fuerza en estos escenarios ya tocados, está en el aire la posibilidad de que el tsunami, en lugar, de seguir hacia el Mediterráno oriental, se mueva hacia la orilla sur contigua a la Europa occidental. 

La propia posición argelina durante y frente al conflicto libio refleja cómo en Argel han mirado la evolución en el patio vecino como un posible y peligroso precedente cuya receta, una vez acabado el caso Gadafi, podría aplicarse también para provocar un cambio de equilibrios en su casa. Lo que le preocupa al Gobierno de Abdelaziz Buteflika no es tanto la “pérdida” de un Gadafi del que nunca pudieron fiarse en Argel y que jugó en contra de Argelia aliándose con el reaccionario régimen de Hassán II de Marruecos (padre del actual Mohamed VI), con tal de imponer su propia jugada por el liderazgo africano. 

Los nubarrones vienen en este caso de una mezcla explosiva: el descontento de una población joven abocada al paro (el 28% de los más de 35 millones de argelinos son menores de 15 años), muy vulnerable a cualquier chispazo primaveral, y las ganas que le tiene la casta política francesa a una Argelia con la que no volvieron a llevarse bien desde la brutal guerra que desembocó en la independencia argelina en 1962. Un chispazo que puede ahora prender fácilmente gracias a la gran proliferación de armamento que puede filtrarse en Argelia a través de sus extensas fronteras con Libia. 

En este contexto, Argel no ha perdido de vista el cambio de paso con el que Sarkozy pasó de ser un gran amigo y admirador de Gadafi, entregado visitante de sus jaimas, a ser el padrino de la “primavera” libia, jugando descaradamente a favor de la oposición del CNT tanto en el frente de los reconocimientos diplomáticos como en el del suministro de armamentos. 

SARKOZY, A LA RECONQUISTA DE LA HEGEMONÍA FRANCESA 

Con ello Sarkozy ha remediado la pérdida de posiciones que la hegemonía francesa había sufrido en el Norte de África con su apoyo, hasta el ultimísimo momento, al dictador Ben Alí de Túnez (el que invitaba de vacaciones a los ministros franceses). Además, al lograr justificar una intervención de la OTAN a favor de todo el que se levante en armas invocando la democracia, bastaría ahora con aprovechar cualquier brote de descontento en Argelia para hacer lo mismo a favor de cualquier grupo que le declare la guerra a la gerontocracia del FNL personificada en la figura del enfermo y anciano presidente Buteflika. Es la tentadora jugada que efectivamente podría lograr Francia para intentar un cambio de aires en Argel más sensible a sus intereses, ya sean los económicos o geopolíticos incluyendo en ello la partida por el Sáhara Occidental que París juega a favor de Marruecos. 

Resultaba ayer muy interesante comparar los comentarios sobre los efectos magrebíes de la “nueva era” post Gadafi en la prensa argelina y la marroquí.En la argelina, lo que vemos es un continuo insistir en lo nada recomendables que son para la salud del norte de África que intervengan las potencias extranjeras impidiendo que sean los propios pueblos los que resuelvan sus problemas sin tener que agradecerle a nadie su ayuda. Ha sido uno de los lemas argelinos desde el comienzo de la crisis libia junto a los repetidos mentís del ministro de Exteriores argelino Medelci frente a las acusaciones con la que el CNT ha acusado al Gobierno de Buteflika de haber apoyado a Gadafi y haber incumplido con ello la resolución de la ONU que permitió a la OTAN intervenir en el derribo del sátrapa libio. 

El saldo de estas incomprensiones entre el Gobierno de Buteflika y el CNT ahora en el poder, resulta negativo para Argel. La enemistad de un nuevo Gobierno que le acusa de haber pasado armas e, incluso mercenarios, en apoyo de Gadafi se suma ahora a la descarada enemistad de Marruecos por el problema del Sáhara que mantiene cerradas desde hace años las fronteras entre los dos vecinos magrebíes. 

Marruecos, no ha tardado ni un segundo en aprovechar la situación. Un comentario en Le Matin, el oficialísimo diario de la monarquía alauita, lo reflejaba ayer en un artículo donde auguraba que la caída de Gadafi ayudará a resolver la cuestión del Sáhara Occidental a su favor. Resultaba curioso que en este artículo se pusiese mucho énfasis en el supuesto apoyo dado por Gadafi al POLISARIO, un apoyo que de hecho existió entre los años 1973 y 1974, pero que luego se esfumó a favor de un acercamiento del revolucionario libio al Marruecos alauita. 

Nada tiene que ver esta perspectiva que ahora canta y ensalza la “liberación” de Libia con el contenido que este mismo diario dedicó al difundo Gadafi en 2006, con ocasión de una cumbre “africana” en Sirte a la que asistieron muy reconfortados los representante marroquíes que, en cambio, están excluidos de la Unión Africana por el reconocimiento de la organización africana de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) que ellos ocupan ilegalmente. En esta versión del régimen libio de 2006, el oficialista Le Matin ensalzaba la “sabiduría” de Gadafi y su giro a la “realpolitik” prooccidental y en contra de Argelia en el asunto del Sáhara Occidental. Un cambio decía esta correa de transmisión del palacio de Mohamed VI, “fundado en un análisis objetivo del problema del Sáhara, inspirado igualmente por el rechazo de la balcanización y de los micro-estados que son contrarios a la filosofía unitaria de Muammar el Gadafi”. 

El secuestro de los cooperantes extranjeros en los campos del POLISARIO en el sur de Argelia, justo en Rabuni, la sede del cuartel general de la cúpula saharaui, le dará ahora a Rabat un nuevo argumento para defender su vieja tesis de que el control de las fronteras que exige la lucha contra el islamismo, requiere una solución del conflicto del Sáhara. La flamante inclusión de Marruecos en el Consejo de Seguridad de la ONU (prueba de que en la ONU todo es posible, incluso cuando se violan sus propias resoluciones), hace pensar que en Rabat cuentan con que esta eventual solución sea a favor de la legalización de lo que empezó en 1975 por una política de hechos consumados con una invasión tan execrable como la que Saddam Hussein de Irak perpetró contra Kuwait. 

Arenas Movedizas, 23/10/2011
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