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De muros de la vergüenza y aniversarios

2014 se presenta, como todos, como un año incierto. Auguran que será complicado y viene también repleto de aniversarios que recuerdan grandes acontecimientos de la Historia. No soy gran amiga de las efemérides, quizá por el hecho de haber nacido un 18 de julio y llevar el chorro de años que tengo ya con el mismo recordatorio de una fecha que no me cae nada bien, porque conmemora el Golpe de Estado de Franco en España, en 1936, y el inicio de una cruenta guerra civil que aún colea. Es curioso porque Franco ese día, mientras las guarniciones militares de todo el territorio español se sublevaban, se fue de visita a Marruecos, concretamente a Agadir y a Casablanca… Ya me gustaría a mí saber a qué, pero la Historia nunca lo cuenta todo. En fin, a lo que iba. Que este año que está a punto de comenzar trae bajo el brazo un aniversario que sí me gusta, el de la caída del Muro de Berlín. La celebración de los 25 años de aquel histórico día me llena de esperanza, porque el 9 de noviembre de 2014 será una fecha inolvidable para cuantos luchamos por el desmantelamiento del Muro Marroquí en el Sáhara Occidental. Puede que hasta coincida con la manifestación anual que se convoca en España en favor del Pueblo Saharaui en esas fechas, en cada aniversario de la firma de los ignominiosos Acuerdos Tripartitos de Madrid, que dieron el pistoletazo de salida a un conflicto político que es, sin duda, el más vergonzante episodio de nuestra Democracia. Este año será una excelente oportunidad para aprovechar sinergias y luchar de la mano de un histórico triunfo de la Justicia para obtenerla para el pueblo saharaui.

El Muro de Berlín fue apodado «Muro de la vergüenza» por parte de la opinión pública occidental. Fue parte de las fronteras entre las dosalemanias desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 y separó la zona de la ciudad de Berlín bajo control de la República Federal Alemana de la parte controlada por la República Democrática Alemana. El muro se extendía a lo largo de 45 kilómetros que dividían la ciudad berlinesa en dos y 115 kilómetros que separaban la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la Separación de Alemania. También fue causante de que muchas personas murieran en el intento de superar la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA cuando se dirigían al sector occidental. Como es habitual, el número exacto de víctimas está sujeto a disputas y no se conoce con certeza. La Fiscalía de Berlín considera que el saldo total es de 270 personas, incluyendo 33 que fallecieron como consecuencia de la detonación de minas. Por su parte, el Centro de Estudios Históricos de Postdam estima en 125 la cifra total de muertos en la zona del muro.

Existe desde antes de la caída del Muro de Berlínotro «Muro de la Vergüenza», 61 veces más largo que el alemán y que ha causado miles de víctimas desde que se empezara a construir en 1980. Siete años necesitó Marruecos para levantar 2.740 km de muro, en seis tramos, dividiendo el territorio del Sáhara Occidental y a su pueblo en dos. En sus paredes no se pueden pintar graffitisni reivindicaciones, porque son de arena y para alcanzarlas habría que sortear campos de minas infernales y burlar el tremendo despliegue de tecnología militar de última generación… Seis tramos de muralla minada, indómita y abominable, que configuran un mapa demoledor para el Pueblo Saharaui, porque constituye en sí mismo un elemento físico maléfico que representa la bota marroquí opresora sobre los derechos de los civiles saharauis. No me gusta llamarlo «Muro de la Vergüenza», aunque lo es y en pleno siglo XXI es todo un alegato a la violación de los Derechos Humanos. Este nombre no indica ni dónde está ni quién lo puso ahí, por eso prefiero llamarle por su nombre propio: Muro Marroquí en el Sáhara Occidental.

Y hay más aniversarios en este ámbito. Se va a iniciar 2014 con una nueva manifestación de la Plataforma Gritos Contra el Muro Marroquí, en el primer aniversario desde su creación, la duodécima de un año en el que este grupo de jóvenes saharauis completa su promesa de reivindicar frente al muro sus derechos, los de su pueblo, sin olvidarse de ninguna de las partes que conforman la Causa saharaui. Ya no hay rabia expresada a pedradas arriesgadas. Tampoco hay irresponsables actos de rebeldía mal entendida, que podrían haber acabado en tragedia si alguno hubiera llegado a tropezar con una mina. De la reflexión, de la formación y de la información han nacido nuevas esperanzas convertidas ahora en voces que claman por el desmantelamiento de este muro que no tiene sentido, que no tiene razón, pero que supone una amenaza permanente para los saharauis de uno y otro lado. Verán amanecer el primer día del año allí frente a los ojos del invasor, para recordarle que los manifestantes pisan su tierra libre y que los soldados marroquíes, cumpliendo órdenes reales, son quienes representan un gobierno que usurpa y aplasta sus derechos, desde esas posiciones estratégicas de vigilancia, elevados en ese muro de laderas minadas controlando con sus prismáticos y apuntando con sus armas… Armas que no tuvieron reparo en efectuar disparos el año pasado, en esta misma manifestación, cuando se sintieron amenazados por las piedras de unos cuantos saharauis que sólo liberaban a borbotones la rabia contenida durante toda su vida.

Si cayó el Muro de Berlín por la presión internacional ante la incesante exigencia de libertad de circulación del pueblo alemán, también podrá caer elMuro Marroquí en el Sáhara Occidental, porque sin duda continuará siendo incesante la exigencia saharaui. Despacito y con buena letra, con denuncia tras denuncia y más denuncia. No ha ha habido ni habrá cansancio y no podrá tampoco haber perdón si el mundo continúa bailando al son de la música de la desinformación, del silencio y de la ocultación, que se mueve por intereses económicos y políticos de los marroquíes y de las potencias internacionales.

La verdad, tengo grandes esperanzas depositadas en la Humanidad. Nada es imposible. Ojalá que no me falle más…

Elisa Pavón, 29/12/2013


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