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El rey y sus alfiles

Por R. Mahmoudi

Los marroquíes siempre sueñan con una Unión del Magreb, pero a expensas de la causa saharaui. No saben que todos sus llamados para una reconciliación duradera con Argelia que pasaría, según ellos, por la reapertura de las fronteras, serán en vano mientras esta piedra angular en la construcción del Gran Magreb que es la cuestión saharaui no se haya resuelto. Esto es lo que resalta de la última intervención de la ministra delegada marroquí en el Ministerio de Relaciones Exteriores ante el Parlamento de su país. Pide a Argelia "asumir su papel principal", dijo, en el conflicto saharaui, y al mismo tiempo acusándola de obstaculizar el proceso de reconstrucción de la Unión del Magreb Árabe.

Esta enésima salida de un responsable marroquí contra Argelia confirma al menos dos cosas importantes: primero, que el Palacio no tiene intención de cesar ni de moderar su campaña de hostilidad contra Argelia, incluso después del lamentable comportamiento de su ministro de Relaciones Exteriores Mourad Mezouar; además, Rabat admite que nada se puede hacer en el Maghreb sin su vecino del este. Esto explica este frenesí, al borde de la neurosis, en las maniobras y la provocación que adopta como estrategia.

Esta declaración de la ministra delegada da una idea de lo que será el próximo discurso del rey con motivo de la Fiesta del Trono, que tendrá lugar en menos de una semana. Se convirtió en una historia repetitiva patética en el discurso de Mohammed VI: cada súplica para reclamar la reapertura de la frontera terrestre en nombre de la fraternidad magrebí y la buena vecindad, es seguida de una declaración de guerra.

En su último discurso, el gobernante alauita acusó Argelia nombrándola -lo que debía suscitar una reacción de Argel – de "tratar de sabotear la iniciativa de autonomía" marroquí que su gobierno quiere imponer fuera del marco de la ONU. Para él, la resistencia del Frente Polisario y las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas son sólo un reflejo de manipulaciones y maniobras tejidas por una Argelia "visceralmente anti-marroquí." Con su tono alarmista, a la vez amenazante e implorante, este discurso tiene un solo obetivo: aumentar la presión y el juego de los chantajes sobre el Sáhara Occidental, que sigue siendo la piedra angular de la política exterior del Makhzen.



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