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El añejo drama de la República Arabe Saharaui Democrática



Bernardo González Solano

Hoy por hoy los medios internacionales no están atentos a la desesperante situación que viven pueblo y dirigentes de la República Arabe Saharaui Democrática (RASD) —mala señal cuando a un país se le bautiza con el sambenito “democrático” pues a la larga resultan crueles dictaduras como lo fue la rimbombante República Democrática de Alemania (RDA), en su momento; cuyos legados “inolvidables” fueron los archivos del temido ministerio de la Seguridad del Estado, la Stasi, y el indignante Muro de Berlín—pues los centros de interés para la prensa mundial se focalizan en la casi permanente guerra entre Israel y Hamás (que engloba un sector del pueblo palestino), la defensa de Ucrania ante el embate de Rusia, el avance de la epidemia del ébola en Africa, los atropellos populares de Nicolás Maduro en Venezuela, el impago de las deudas de Argentina, la crisis socioeconómica de la Unión Europea, o los infinitos partidos de las copas de fútbol, etcétera.

Infortunadamente, la suerte, por el momento, de la RASD y su pueblo —calculado en poco más de 500,000 personas—, tal parece que no le importa mucho ni a la propia ONU ni a la opinión pública internacional. Además, el enfrentamiento de la RASD con el gobierno del rey de Marruecos (que cuenta con el apoyo militar y económico de Estados Unidos de América (EUA), y de otras capitales europeas), se presta muy bien a los ayes y golpes de pecho de los sepulcros blanqueados —tan comunes en los reductos de la izquierda trasnochada y de algunos organismos no gubernamentales (las lucrativas ONG)—, que denuncian solo lo que les conviene y voltean la cara para otro lado cuando no les “interesa”. Ejemplos sobran. Ni pío por la política de la República Popular China en lo que respecta a los Derechos Humanos de los opositores del gobierno, incluyendo al viajero Dalai Lama; o por los desmanes dictatoriales del dirigente de Corea del Norte, donde hasta sus familiares cercanos cuando se rebelan los echa a los perros para que los devoren. O por los golpes de la férrea mano de los Castro en Cuba para seguir en el poder por otro medio siglo. Ad infinitum…

El hecho es que, Marruecos está posesionado, ilegalmente, de la mayor parte del territorio de lo que se llama el Sáhara Occidental desde el mes de noviembre de 1975 cuando alrededor de 350 mil marroquíes “voluntarios”, en la llamada “Marcha Verde” por órdenes del entonces rey Hassan II, invadieron ese territorio y en 1976 se anexaron. Ese mismo año, el Frente Polisario proclamó la República Arabe Saharaui Democrática (RASD). Desde entonces, el Sáhara Occidental es un territorio administrado de facto (pero no de jure) por la monarquía marroquí, si bien tal administración no la ejerce sobre la totalidad del territorio pues el Frente Polisario controla el 35% del mismo al este del muro (de la “vergüenza”; todas estas divisiones son vergonzantes, llámese el Muro de Berlín, la valla entre Estados Unidos y México, o la de Israel y Palestina y otras), que Marruecos erigió como defensa ante las combativas guerrillas del Movimiento de Liberación Nacional Saharaui. Las fronteras internacionales de este territorio corresponden a las antiguas del Sáhara español administrado por España de 1885-1976. Marruecos reclama “derechos ancestrales” sobre el territorio —con las minas de fosfatos más ricas del mundo—, pero el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya dictaminó el 16 de octubre de 1975 que no encontró vínculos jurídicos de soberanía territorial en el Sáhara Occidental y el reino de Marruecos o de Mauritania, que por cierto después dejó de reclamar algún derecho en el asunto.

La ONU declaró al Sáhara Occidental como territorio no autónomo con una superficie de 266 mil kilómetros cuadrados con una delimitación exacta de fronteras. Para frenar las efectivas operaciones militares del Frente Polisario (cuyo fundador, El Uali Mustafá Sayed, cayó en combate el 9 de junio de 1976) en defensa de su soberanía, Marruecos construye desde 1980 los “muros defensivos”, financiado por el Tío Sam, otras potencias europeas y Arabia Saudí. Esta valla tiene una extensión de 2,000 kms. de largo y 300 metros de ancho, permanentemente vigilada por 150 mil soldados del ejército marroquí , y posee un elaborado sistema de ™ fortificaciones y alambradas, amplios cinturones de minas antipersonas —prohibidas por el Tratado de Ottawa desde diciembre de 1997 y ratificado por 144 países; a la fecha se dice que han sido destruidas 33 millones de estos criminales artefactos hechos más para mutilar que para matar, sobre todo civiles— y fosos antitanques. En la parte este del muro, los territorios liberados, la RASD ejerce el control.

Gracias a la campaña de relaciones diplomáticas del Frente Polisario (FP) y de la RASD es reconocida como Estado por más de 80 países, con lo que se cumple con lo dispuesto por la Convención de Montevideo sobre los derechos y deberes de los Estados del 22 de diciembre de 1933, no obstante que Marruecos ha hecho todas las maniobras diplomáticas a su alcance para frenar los logros de los Saharauis Democráticos, ignorando la reacción internacional. La lista de los países que han dado el reconocimiento a la RASD varía, según quien la maneje. En una lista titulada “Boicot a Marruecos, paremos el genocidio saharaui, ¡Sáhara libre ya!, se enumeran 81 países que la reconocen, incluyendo México.

Un documento oficial de los saharauis advierte que “aunque el FP y la RASD constituyen una única entidad”, la segunda actúa como gobierno común. “El Frente Polisario es sujeto de Derecho Internacional y éste goza de subjetividad limitada y provisional”, como Movimiento de Liberación Nacional. Así, “el FP combina las distintas formas de lucha para garantizar la efectiva aplicación del derecho humano de autodeterminación del pueblo saharaui, la RASD se caracteriza porque tiene estructura de gobierno democrática en una parte del territorio y representa la mayoría de la población saharaui, siendo garante del respeto a los Derechos Humanos”.

Hasta el momento, la antigua metrópoli —España—, no ha reconocido directamente en términos formales ni a la RASD ni al Frente Polisario como sujetos de Derecho Internacional, el primero como Movimiento de Liberación Nacional y el segundo como Estado. Así las cosas, en contra del Derecho Internacional, quien mantiene la ocupación militar del Sáhara Occidental es Marruecos, basándose en las tesis del “Gran Marruecos” y la “Retrocesión Territorial” —supuestos títulos históricos de soberanía por parte del sultán marroquí sobre ese territorio cuando España lo colonizaba—, argumento rechazado por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

En estas condiciones, el proceder del régimen marroquí es el de un Estado que incurre en una conducta ilícita internacional con responsabilidad exigible internacionalmente pues invadió mediante el uso de la fuerza un territorio no autónomo que aún no ha ejercido el Derecho de autodeterminación tras ser abandonado por el gobierno español administrador.

Tal y como ha sucedido en otros conflictos internacionales el (des)concierto de naciones representadas en la ONU parece actuar a tontas y a ciegas, movida por la novedad de los hechos y por la presión de los medios. Es claro que el Consejo de Seguridad del organismo mundial no ha reaccionado ante la vulneración de los derechos humanos del pueblo saharaui, por lo que el régimen marroquí ha cometido todo tipo de tropelías en su contra, desde la persecución política hasta la tortura, sin dejar tratos degradantes e inhumanos contra jóvenes, mujeres e infantes. El Consejo de Seguridad, tal y como se constituyó desde la fundación de la ONU, ya no funciona adecuadamente. Debe cambiarse. El mundo es totalmente diferente al que surgió después de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de la ocupación ilegal por parte de Marruecos del territorio saharaui, procede un Referéndum de Autodeterminación para resolver definitivamente el problema y sea el pueblo saharaui el que decida libremente su adhesión a la RASD o no.

En una reciente entrevista a Mohamed Abdelaziz (1947), presidente en el exilio de la República Arabe Saharaui Democrática —cargo que detenta desde 1976 (38 años)—, explicó cuál era el status actual con Marruecos: “Estamos en una situación de guerra, y en un lapsus de cese temporal de fuego. El ejército marroquí ocupa una buena parte del territorio, y también nuestro ejército controla una parte importante del territorio…También tenemos población saharaui en la parte ocupada por Marruecos…Creo que hemos logrado importantes avances, hemos logrado dejar claro a nivel de la ONU que el tema del Sáhara Occidental es un tema de descolonización pendiente que debe ser resuelto desde las resoluciones de Naciones Unidas encaminadas a la autodeterminación y que Marruecos es un ocupante…El mayor logro del Estado Saharaui es la unión de todo el pueblo saharaui, una unión entre aquellos que están aquí, aquellos que están en los campos de refugiados, los que están en los territorios ocupados y los que están en la diáspora en torno a un proyecto nacional y en torno a una bandera que hoy todo el mundo está dispuesta a aceptar”.

Aunque es evidente que la solución del problema es sine die, por lo menos todavía una parte (la quejosa) declara apegarse a lo que definió sir Ernest Satow en su A Guide to Diplomatic Practice: “Diplomacy is the application of International Law by peaceful means” (“Diplomacia es la aplicación del Derecho Internacional por medios pacíficos”). Ojalá así sea. VALE.


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