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¿Por qué Túnez es la única flor de la primavera árabe?

Miguel Ángel Medina

Los anhelos democráticos y las esperanzas de libertad puestas en los países que protagonizaron las primaveras árabes se están truncando. Tres años después de su inicio, la situación política y social de Egipto, Libia, Bahréin o Siria está plagada de tesiones, violencia, golpes de Estado, ascenso de extremismos islamistas y guerras fraticidas. La única luz que ilumina en este panorama desolador es Túnez, cuya transición hacia la democracia mantiene su rumbo difícil pero firme. ¿Qué hace distinto de sus vecinos a este pequeño estado mediterráneo? "El pueblo tunecino tiene una tradición de consenso entre laicos y conservadores y es, además, un pueblo homogéneo y tradicionalmente no violento. Todo esto ha contribuido al éxito de nuestra transición", explica Samir Dilou, ministro de Derechos Humanos y Justicia Transicional en el primer gobierno democrático tras la caída del dictador Ben Alí.


El político tunecino, de paso en Madrid, añade otra característica diferenciadora de su país: "La sociedad civil goza de experiencia en el diálogo, e impulsa a políticos y sindicatos a ahondar en esta dinámica". Mientras, "en otros países de la zona no hay dos partidos enfrentados, sino directamente dos pueblos, uno de los cuales apuesta por la democracia y el otro por otro modelo. Los ejemplos alrededor son terribles: en Libia hay armas por todas partes, Siria se desangra con la guerra, en Egipto el golpe de Estado provocó una fisura que partió la sociedad", continúa el exministro Dilou en la Casa Árabe.

Este modelo ha llevado al parlamento de la república a consensuar la Constitución más avanzada del mundo árabe-musulmán, considerada por muchos analistas como el mayor triunfo hasta la fecha de la primavera árabe, así como a estabilizar su situación de seguridad con el levantamiento del estado de emergencia, vigente desde 2011. Con todas las cautelas, el consenso parece ser la nota predominante.

Rim el Gantri, jefa de la oficina tunecina del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ según sus siglas en inglés), una ONG que impulsa la democratización del país, aporta otra visión sobre el tema. "Túnez es un país muy pequeño en comparación con Egipto o Libia, lo que permite controlar más fácilmente el territorio nacional. Además, ya teníamos una fuerte estructura de Estado y de asociaciones, cosa que no ocurre en los vecinos". En su opinión, vertida también en la Casa Árabe, "la transición fue pactada entre todas las facciones políticas, y no la acaparó un único partido".


Otra idea que se ha llevado a cabo en su país y a la que deben aspirar el resto de regímenes es, dice Gantri, "poner en marcha una investigación seria de los abusos de los dictadores, como se hizo con la policía dirigida por Ben Alí". Según sus palabras, "después de una dictadura, es muy difícil que las víctimas tengan confianza en la justicia, pero nosotros lo estamos consiguiendo con medidas muy serias de investigación y compensación".

Este espíritu de consenso que, de momento, evita que descarrile la democratización, ha moderado a los partidos islamistas, a diferencia de lo ocurrido en otros países -como Egipto- en los que han tratado de acaparar todo el poder. Dilou, miembro del comité ejecutivo del partido islamista moderado Ennahda, anuncia que su formación "no va a presentarse a las elecciones presidenciales para evitar que se produzca la hegemonía de un solo partido en todas las votaciones".


http://blogs.elpais.com/miradas-arabes/2014/09/tunez-unica-flor-primavera-arabe.html
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