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Viaje a los campamentos de refugiados saharauis Agosto 2014

Ahora realmente entiendo lo que es el calor, esa sensación de sudor continuo resbalando por la frente, de faltarte el aire para respirar, de masas de calor pesadas sobre ti, de beber agua y no dejar de sentir sed… buf, la vida en el desierto en verano es como vivir en una sauna de forma permanente, ¿has estado alguna vez en una sauna? ¿10, 15, 30 minutos? ¿si? ¿recuerdas esa sensación? pues imagínate vivir en una sauna… quizás puedas ahora entender ese sentimiento… quizás puedas entender ahora la vida en el desierto, en la hamada…

Después de una noche larga de viaje, con esa felicidad y a la vez nerviosismo de volver a pisar de nuevo África, llegamos a Tindouf! Primera noche en la hamada durmiendo bajo las estrellas, en la inmensidad del desierto… es sábado, 23 de Agosto de 2014, hora: 6 am.

Con los primeros rayos de luz la vida en los campamentos comienza a despertar: las primeras oraciones a la salida del sol, comenzar a recoger las alfombras y las mantas después de haber dormido a la luz de la luna para refugiarnos del calor que ya a las 8h de la mañana promete un nuevo día tan cálido y duro como el anterior, preparar el brasero para el primer té del día, sacudir la arena que fue transportada con el viento que sopló anoche suave y que susurraba algo al oído, murmullos de oasis cercanos, gritos de libertad, cantos de sirenas del desierto… observar lenta la vida mientras tomamos el primer té, amargo…

Y de nuevo a la rutina: coger agua para el aseo matutino (agua que escasea cada vez más, algo tan básico y necesario como es el agua, algo que aquí no apreciamos, ¡qué lujo es tener un grifo!) ir al mercado y dejarte hipnotizar por los colores de las melhfas, hacer la comprar de los productos más básicos como los huevos o el pan, ya que otros productos son impensables por su elevadísimo precio, como puede ser un melón, unos quesitos… dar de comer a las cabras, preparar la comida y huir del sol, sobre todo cobijarte de ese sol abrasador que no tiene clemencia… quizás esta noche llueva, pero eso, es otra historia…..

Hay que aprovechar el frescor de la mañana para trabajar: así comienza nuestro viaje visitando Rabouni, Ausserd, Smara, 27 de Febrero (ahora Bojador)…, varias reuniones y encuentros que nos ponen un poco al día: en el Ministerio de Juventud y Deporte, el Ministro, Mohamed Moulud, nos da la bienvenida y nos facilita el programa de los siguientes días. Aprovechamos la ocasión para intercambiar unas palabras sobre el proyecto Vacaciones en Paz y sobre la próxima Conferencia EUCOCO.

Continuamos el día visitando AFAPREDESA (Asociación de Familiares y Presos Desparecidos Saharauis). Abdeslam, presidente de la Asociación, nos cuentan cómo está actualmente la situación, como Marruecos sigue violando sistemáticamente los DDHH de los Saharauis que viven en el Sáhara ocupado, las torturas, violaciones y maltratos a las que son sometidas cada día cientos de saharauis ante el silencio del resto del mundo. La sangre se hiela, los pelos se ponen de punta, la tristeza invade el corazón y casi te dan ganas de llorar ante tanta impotencia, ante tanta injusticia….

Seguimos nuestro viaje y tenemos la oportunidad de conocer ASAVIM (Asociación Saharaui de Victimas de Minas), aquí Daha, una víctima de mina con secuelas visibles, nos muestra otra realidad bien dura: cada día algún saharaui sufre un accidente por la explosión de una mina antipersona: un niño que está jugando, un pastor mientras vigila sus camellos, un director de cine que busca escenas para su próximo documental sobre el Sáhara…..¿Sabías que en el mundo existen 167 millones de minas en 78 países?, ¿que harían falta 1.100 años y 30.000 millones de euros para erradicarlas?, ¿sabes que desactivar y destruir una mina cuesta más de 750 euros?, ¿Y que las minas antipersonas son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas de los conflictos armados? Se estima que en el Sáhara Occidental hay entre 7 y 10 millones de minas antipersonas, convirtiéndose esta zona en una de las más contaminadas del mundo… lo más duro de esta visita, fue ver las fotos de las víctimas de minas y saber que España es responsable directo de estos accidentes y muertes con su venta de minas a Marruecos.

Después hacemos una visita al complejo de Njeila, un huerto de palmeras, que nos recuerda a un oasis en medio del desierto, como si de un espejismo se tratase, con plantación de productos básicos para el autoabastecimiento de los campamentos, que a día de hoy está prácticamente muerto debido a las dificultades económicas para su mantenimiento. Junto al huerto visitamos la nave-criadero de gallinas que abastece de huevos a los campamentos, pero que, al igual que el huerto, se encuentra bajo mínimos y no llega, ni de lejos, a cubrir las necesidades de la población refugiada. Es casi surrealista encontrar una granja de pollos en medio de la nada….

Próxima parada: Guardería de Yderia, Smara, aquí tenemos tiempo para revisar las mejoras que hemos podido ir haciendo para que los pequeños puedan estar en unas condiciones dignas: arreglar ventanas, puertas, pintar paredes, servicios, pero aún queda mucho por hacer. Mientras tanto seguimos aportando nuestro granito de arena y hacemos entrega de material escolar para que los niños comiencen el curso con pinturas y rotuladores nuevos!

No podemos seguir nuestro viaje sin visitar el Hospital de Smara, y hacer entrega de medicamentos, aquí Fatma, enfermera y matrona, nos cuenta un poco como es la situación actual: botiquines vacíos y falta de personal, apenas hay médicos ni enfermeras, no hay material quirúrgico… en fin, por mi cabeza un único pensamiento, “no te pongas enferma porque sino, lo llevas claro”… Y a punto estuve, porque durmiendo una noche a la luz de las estrellas, casi fui picada por un escorpión, lo siento por Mahyuba pero se ve que es más dulce que yo, y decidió atacarla a ella… en fin, mala suerte, corriendo al Hospital y afortunadamente tenían el antídoto… la noche siguiente me resultó difícil dormir, sobre todo cuando por la mañana entre sus mantas María encontró otro escorpión… buf, el miedo en el cuerpo de nuevo… y la fragilidad ante las fuerzas naturales del desierto…

Tenemos la oportunidad de reunirnos también con el nuevo buró ejecutivo de la UESARIO (Unión de Estudiantes Saharauis), elegido tras un intenso congreso realizado los días previos en el campamento de Ausserd. Nos alegra intercambiar ideas con ellos y empaparnos de su energía y sus ganas de continuar avanzando, entendiendo la educación y la formación como pilar fundamental para alcanzar la libertad de su pueblo.

La parte más divertida sin duda del viaje fue trabajar con los pequeños con una actividad nueva, el Proyecto Yoga en el Sáhara, y es que el proyecto Vacaciones en Paz no abarca a cubrir la cantidad de niños que vive en los campamentos (incluso el número disminuye cada año) y hay muchos que tristemente no tienen la oportunidad de salir en verano y se quedan en los campamentos aguantando las extremas condiciones climáticas, sanitarias, alimenticias… así que decidimos llevarles una ráfaga de aire fresco con nuestros juegos y nuestras posturas de yoga! Y así fue, el primer día era la novedad y no sabían muy bien que íbamos a hacer, miraban con sus ojillos expectantes y sus sonrisas picaronas, pero después, cada día nos esperaban más niños, impacientes a que llegáramos con asanas, saludos al sol, estiramientos, globos y caramelos… risas, risas y más risas, y calor, mucho calor! pero mereció la pena por disfrutar de la experiencia, por verles reír, jugar y saltar! Como siempre, con el apoyo y la simpatía de Rais, encargado del Centro de Juventud y Deporte de Smara y amigo désde hace ya tiempo….

¿Has olido alguna vez la tierra mojada del desierto? Tiene un olor especial, aquí la lluvia es maná caído del cielo pero también es temor, las casas de adobe se vuelven frágiles y débiles ante las tormentas, como plastilina que puede deshacerse… lluvia sí, pero suave, que refresque el ambiente, que limpie el polvo de los ojos para poder ver la luz de la esperanza, que se lleve el dolor de un pueblo que sufre en el exilio, que cure las heridas de la guerra, que lave las cicatrices del corazón y disuelva los gritos de los desaparecidos, que entierre profundo las minas y las haga desaparecer… lluvia que haga crecer árboles y plantas… Sí, porque la lluvia también nos acompañó en este viaje, y no uno, sino varios días, una tormenta para despedirnos el último día, como recuerdo de un pueblo que llora para no caer en el olvido pero que es fuerte como las tormentas y que luchará, como lo lleva haciendo durante casi 40 años, hasta que pueda recuperar su tierra, sus raíces.

¡Sáhara Libre!

Almudena

Asocación Rimal Sáhara Tormes
 
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