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FiSahara, un festival de cine inolvidable

En esta edición del FiSahara, contamos con un cronista excepcional. Uno de nuestros poetas, Ali Salem Iselmu, ha viajado a los campamentos saharauis para contarnos de primera mano la marcha de un festival que ya celebra su decimosegunda edición. Con sus palabras nos trasladamos al calor del desierto en el mes de mayo y a la emoción de una inauguración de cine.
El avión atravesó el Mediterráneo; atravesó los campos de almendros, de olivos y de viñedos, y aterrizó en el desierto, cargado de cineastas y activistas solidarios, que cada año vuelven al campamento saharaui de Dajla para proyectar al aire libre, sus películas. Comparten con los refugiados sus experiencias y les recuerdan que el mundo no los olvida, se acuerda de ellos y los abraza con imágenes que se confunden con el brillo de las estrellas.
Después de 40 años de exilio, de generaciones que solo conocen un campo de refugiados, de las mil y una resolución, y negociación frustrada. El cine tiene el poder de devolverte la esperanza cuando está al servicio de la justicia y de los derechos humanos. Una película documental como Granito de Arena de los neoyorquinos Pamela Yates y Paco de Onís, con unos testimonios extraordinarios, sentó a un criminal al banquillo por genocidio y devolvió la dignidad a las víctimas, Efraín Ríos Montt fue condenado a 50 años de cárcel, gracias a la acción de la justicia y el trabajo de archivo de imágenes y testimonios que dejaron al desnudo, unos crímenes deleznables que el documental Granito de Arena, recoge con mucha profundidad. Esta película se llevó el premio Fishara 2015 e ilusionó al público demostrando que el cine es una herramienta contra la desmemoria y la impunidad.
Otra película documental que se llevó el segundo premio, fue Timbuktu de Abderrahman Sisako, una película que plantea problemas que se desarrollan en una ciudad multicultural y que un grupo de fanáticos, intenta aplicar su forma de entender la justicia, alejada de los principios de la tolerancia que han caracterizado los habitantes de esta ciudad.
El cine, los derechos humanos con Nora Morales de Cortiñas, perteneciente a una línea fundadora de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina, presentó la película Verdades, Verdaderas de Nicolás Gil Lavadera en la que se cuenta la historia de una madre, que busca a su hijo desaparecido, o La Semilla de La verdad de Eztizen Miranda que cuenta el hallazgo de una fosa común en el Sáhara Occidental.
Dos pantallas gigantes al aire libre, proyectaron diversas películas como Mortadelo y Filemón contra Jimmy El Cachondo, devolvieron por unos momentos a los niños saharauis la sonrisa, en medio de la dureza, junto con la actuación de Payasos en Rebeldía que quieren romper El Muro de la Vergüenza que levantó Marruecos en el Sáhara Occidental, a base de tirarle tartas y flores, son sus armas particulares en esta batalla por la justicia.
El Festival Internacional de Cine en El Sáhara Occidental, en su decimosegunda edición, dejó un buen sabor de boca a los organizadores, a las autoridades y al público, a pesar de la ausencia de ViggoMortensen por el fallecimiento de su madre.
Poesía, música, danza y cine, hicieron su magnífico trabajo y volvieron a tender puentes entre los refugiados saharauis y el resto del mundo, reafirmando que ninguna batalla se pierde, ni ninguna lucha se olvida, mientras permanece la injusticia. Es en la memoria del arte contra la guerra, el horror y la estupidez, donde la humanidad muestra sus mejores herramientas para ganar la batalla del futuro.
Ningún genocidio será olvidado, si somos capaces de guardarlo en nuestra memoria y en la memoria del cine que deja al descubierto las oscuras páginas del horror.
Las dunas, las rutas nocturnas de las estrellas, la espuma del té verde que rompe el silencio; mezclado con la voz de Oona Chaplin, la nieta de Charles Chaplin, te devuelven la sonrisa y la belleza del momento, y te dejan ver por unos momentos, otra realidad que sólo el cine y el desierto del Sáhara, te pueden dar, cuando te hablan de justicia universal.
Por Sukeina Aali-Taleb
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