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La historia de Chej Slama

Saadani, la hija de Chej Slama, llorando por su padre
En 1975, gran parte de la población del Sáhara Occidental abandonó sus casas para instalarse en los territorios a los que todavía no había llegado el ejército marroquí. La aviación marroquí bombardeó sus campamentos de fortuna, por lo que el Frente Polisario tuvo que trasladarlos hacia territorio argelino. El drama vivido por los refugiados hizo que la población muestre una ejemplar disciplina y un acato a las directivas de la organización sin precedentes. 

Una de las enseñanzas del Polisario es que las familias deben mandar a sus hijos para que se eduquen en países extranjeros. La gran mayoría se repartieron entre Argelia y Libia. Desde esta manera niñas de 12 y 13 años fueron enviadas a internados en estos dos países. En cada internado se encontraba un responsable saharaui encargado de acompañar a los niños y vivir con ellos en el internado. Entre ellos se encontraba Chej Slama como responsable del grupo de niñas en la ciudad argelina de Aflu.

En aquel entonces, Chej Slama tenía unos 35 años, estaba casado y tenía una hija que se llamaba Saadani y que formó parte del contingente de niños que se había ido a Cuba. Cuando se unió a las filas del Polisario, estaba lleno de patriotismo y firmeza en su decisión de combatir al invasor marroquí. Estaba lejos de imaginar lo que le iba a pasar. Que iba a ser traicionado por sus propios camaradas de lucha, los dirigentes del movimiento saharaui.

En el verano, los estudiantes saharauis que estudian en Argelia llegan para pasar las vacaciones con sus familias. En 1981, algunas niñas ya eran mayorcitas. Una de ellas fue sorprendida por su familia con un señor que ejercía de farmacéutico en Rabuni. La noticia llegó al que era en aquel entonces el cerebro pensador del Polisario y cabecilla de los servicios de seguridad saharauis : Sidahmed Batal. Un sentimiento de pánico invadió al dirigente saharaui porque se descubrió que la niña no era virgen. Lo cual quiere decir que probablemente tuvo relaciones sexuales en el lugar donde estudiaba. Mandó a sus verdugos para capturar al farmacéutico. Nunca más se supo de él. Hasta hoy. Fue cobardemente asesinado por haber seducido a la jóven estudiante.

El suceso puede tener serias repercusiones. Se corre el riesgo de que, de ahora en adelante, las familias se nieguen a permitir que sus hijas vayan a estudiar en el extranjero. El Batal pensó en una estratagema maquiavélica. Estaba dispuesto a sacrificar a los individuos con tal de realizar los propósitos del Polisario. Organizó un mítin en la Escuela 9 de Junio e inventó una historia imaginaria digna de los cuentos de hadas convirtiendo en mítin en un tribunal para juzgar a Chej Slama. El Batal lo mandó ponerse de pie y dijo que Chej Slama tenía relaciones sexuales con las niñas a las que protegía en Aflu. Que recurría a estratagemas para asustarlas y forzarlas a ceder a sus deseos. Etc, etc. Y que tenía un cómplice que se llama Ayni. Los dos fueron secuestrados en ese mítin y no fueron liberados hasta varios años más tarde.

La prisión dejó fuertes secuelas en Chej Slama. Unos años más tarde falleció. Su gran corazón hizo que perdonara a los dirigentes por sus fechorías. Sin embargo, su hija, Saadani nunca perdonó esa injusticia. Al llegar de Cuba, juró vengarse del Polisario. Hoy en día, recorre el mundo para denunciar lo que El Batal hizo a su padre.

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