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El intolerable silencio de España ante las monarquías alauí y wahabista


.Hace varios meses presencié en el Parlamento Europeo la siguiente declaración de la parlamentaria sueca Bodil Valero: “Suecia es marginada en el Parlamento Europeo por defender que no se venda armamento a Arabia Saudí y presionada por su posición a favor del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui”.

.Tras los atentados de París, la crisis más grave de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial y el creciente debate sobre el Estado Islámico y su configuración, acertadamente se empieza a apuntar hacia los modelos de estado en que se inspira dicha organización terrorista, y que casualmente son su principal fuente de financiación; Marruecos es el país que más terroristas exporta y Arabia Saudí es el país de donde ha salido más dinero hacia el Estado Islámico.

Ambas monarquías se basan en el principio de la justicia divina y en definir a quien no está de acuerdo con sus principios como apóstata señalándolo para su ejecución, como demuestra la reciente ejecución de 47 activistas condenados como “terroristas” el pasado 2 de enero, hecho denunciado por organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos y medios de comunicación de todo el mundo.

Esto no ha sido así en España, los medios afines al gobierno actual siguen ocupados en su campaña anti izquierdista y máxime cuando estamos en un proceso de negociación entre los principales partidos políticos tras las elecciones para configurar el nuevo gobierno, un gobierno que como es habitual su primera visita oficial será a Marruecos, la puerta principal del flujo migratorio de África hacia Europa y que la monarquía alauí utiliza como un elemento de chantaje para que España le sirva como esbirro y defensor de sus intereses económicos y territoriales en las instituciones europeas.

Esta visita probablemente coincidirá con la visita de los Reyes de España programada para el próximo 16 de febrero a Arabia Saudí, el estado que ha cerrado sus fronteras a los refugiados sirios, que ejecuta a sus opositores en plazas públicas y que verdaderamente es el Estado más terrorista.

Y qué tiene que ver España con Suecia, que se ha destacado tradicionalmente por su defensa de los Derechos Humanos y del derecho de autodeterminación de los pueblos, como demuestra el hecho de que haya sido el primero país europeo en reconocer al Estado de Palestina, y su proyecto de reconocimiento de la República Saharaui, cuya población lleva cuarenta años esperando que la comunidad internacional haga efectiva su propia legalidad internacional, que constata la responsabilidad de España como potencia administradora del territorio saharaui, definido como No Autónomo por Naciones Unidas.

No puede uno evitar preguntarse si es que Suecia es un país adelantado a su tiempo por su defensa desinteresada de la Legalidad Internacional o es que España está muy atrasada a ese respecto, quizás lastrada por los intereses poco confesables que mantiene con monarquías feudales como son la marroquí y la saudí.

“Es hora de que la última colonia de África sea descolonizada” decía Valero, y cabría añadir que es hora también de que España se implique en la solución de un conflicto que originó en la ex provincia 53, el Sáhara Occidental que abandonó sin cumplir con su deber de llevar a cabo un proceso de descolonización.


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