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Los lodos de un conflicto territorial



La lectura del libro Sahara Occidental. 40 años después, un volumen colectivo publicado por Los libros de la Catarata ediciones, bajo la dirección de Isaías Barreñada y Raquel Ojeda, nos vuelve a poner ante una de las reivindicaciones más sangrantes desde la forzosa y mal planteada descolonización del Sahara. La República Árabe Saharui Democrática (RASD), exiliada en los campamentos de Tinduf desde 1976, continúa luchando para lograr que Marruecos acceda ante los organismos internacionales para celebrar un referéndum que consiga su Autodeterminación.

El Frente Popular para la Liberación de la Saguia al-Hamra y Río de Oro, al que conocemos como Frente Polisario por sus siglas en español, es la voz que lidera el movimiento Saharaui por la independencia y la soberanía desde 1973. La Saguia al-Hamra (cuya traducción es “La acequia roja”) es un cauce de unos 80.000 km2 de un antiguo río que desembocaba en el puerto de El Aaiún, un territorio que Sulaimán de Marruecos cedió a la España del inepto rey Carlos IV, mediante la firma de un acuerdo en 1799 en el que se reconocía que esas regiones -que después integrarían el Sahara español- no formaban parte de sus dominios.

Un avance del Movimiento de Liberación ya había sido constituido en 1969 con el mismo objetivo de conseguir la independencia del Sahara Occidental Español, 11 años después de que, en 1958, se creara esta provincia africana. Pero 1973 fue el año en el que un grupo de estudiantes universitarios saharauis en Marruecos decidieron reorganizarse en un movimiento antiespañol, que hasta la descolonización actuaron como un grupo de resistencia armada. Se iniciaban los dos últimos años de la agonía franquista que culminaría el 20 de noviembre de 1975 y que un mes antes —con Franco siendo pasto de todo tipo de especulaciones por nuevas hemorragias, al tiempo que servía de modelo fotográfico para su yerno, el marqués de Villaverde—, el gobierno alauí vio la oportunidad para lanzar la primera cortina de humo de lo que se llamó La Marcha Verde. Pero es el 6 de noviembre cuando ese “ejército”, formado por más de 300.000 civiles cargando con banderas y retratos del rey Hassan II, y enarbolando como única arma el Corán, comienza a entrar a voz en grito por la frontera de Smara, al noroeste del país. Un día antes, el monarca se había dirigido a los voluntarios marroquíes para decirles que no buscaba la guerra con España y animaba a su pueblo a confraternizar con los españoles: “Si encuentras a un español, militar o civil, abrázalo y bésalo y festeja el encuentro”.

Al otro lado, en territorio español, y tras campos de minas recientemente sembrados, los esperaban las Tropas Nómadas y los Grupos Ligeros de Caballería del Tercer y Cuarto Tercio del ejército español, con la consigna de replegarse en el caso de no poder frenar la embestida. Aunque el destino de la Marcha Verde era la “conquista” de la capital, El Aaiun, la barahúnda se asienta durante tres días a solo diez kilómetros ante el cierre de ojos del gobierno de España y el silencio cómplice internacional.

El Frente Polisario, que comenzó siendo una organización formada por una docena de “combatientes”, guiados por los hermanos Mustafa Sayid y Bechir Ilwali, que organizaron una estrategia basada en la guerra de guerrillas, fue creciendo hasta convertirse en el movimiento de liberación que hoy conocemos y que cuenta con el apoyo de la mayoría de los saharauis que desde entonces viven en el exilio de los campamentos de Tinduf, Argelia, constituidos como el RASD, o República Árabe Saharui Democrática, a donde fueron a parar buscando refugio debido a los bombardeos de la aviación marroquí en febrero y marzo de 1976. Llegan heridos, tras haber dejado en el camino a los muertos que no pudieron enterrar, sin alimentos y en pésimas condiciones sanitarias.

Para que España dejara de ser —con algo de honra— el país colonizador y haber culminado su etapa que empezó como Protectorado debería haber cumplido con la obligación a la que se había comprometido ante Naciones Unidas: propiciar un referéndum de autodeterminación del territorio. Sin embargo, España, tras firmar los “Acuerdos de Madrid”, se retira en febrero de 1976 facilitando la entrada a Marruecos y Mauritania para repartirse el territorio. Según las leyes internacionales, este acuerdo es ilegal al no estar representados los saharahuis. España no culmina la descolonización, dejando trunco un proceso que aún lidera por la fuerza Marruecos, y que a pesar de que la comunidad internacional continúa apoyando la consulta, no es posible cambiar, 40 años después. Y todo esto a pesar de que la posición legal española es la de continuar siendo potencia administradora, por lo que “la presencia de Marruecos puede ser calificada como ocupación”, según señala uno de los autores, Juan Soroeta Liceras, en el capítulo II, “por lo que su condición jurídica en la parte del Sahara Occidental que ocupa ilegalmente es similar a la de Israel en los territorios palestinos ocupados”.

Este es el motivo por el que 40 años después, Isaías Barreñada, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, y Raquel Ojeda, profesora de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada, se ponen al frente de un equipo de 25 especialistas en la materia y publican este libro necesario en el que se retrata la compleja historia de un país llamado España que, una vez más, ha optado por el escapismo y la ineficacia.


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Título: Sahara Occidental. 40 años después. Autores: Isaías Barreñada y Raquel Ojeda (eds.) Editorial: Los libros de la catarata, 2016. Edición:papel



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