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Recursos naturales e intifada: petróleo, fosfatos y resistencia al colonialismo en el Sahara Occidental

Joanna Allan



El 28 de octubre de 2013, la compañía usamericana Kosmos, la escocesa Cairn Energy y la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos(ONHYM) anunciaron sus planes conjuntos para perforar en busca de petróleo en “uno de los últimos sistemas petrolíferos no explotados del Margen Atlántico” (Maxted 2013). Simon Thomson, director ejecutivo de Cairn Energy, comentó que la participación de su empresa en el acuerdo de arrendamiento se apoyaría en su “actual presencia estratégica en Marruecos” (Thomson 2013). Su error fundamental es que el bloque a explorar –Cabo Bojador Offshore– no está en absoluto en Marruecos sino en las costas del Sahara Occidental, la última colonia en África.

Rico en recursos y de escasa población, el Sahara Occidental, víctima desde 1975 de una ocupación marroquí brutal e ilegal, tiene una historia conformada en gran medida por sus inmensos recursos. De hecho, los recursos naturales han estado siempre en el centro del conflicto del Sahara Occidental, y eran una demanda clave de los manifestantes antiespañoles a principios de la década de 1970.

España explotaba las ricas reservas de fosfatos del Sahara Occidental y Marruecos continúa sacándole provecho a la riqueza natural del país. Este último hecho constituye una ilegalidad, ya que no se le reconoce a Marruecos internacionalmente la titularidad de la soberanía sobre el Sahara Occidental y, efectivamente, una potencia ocupante no puede explotar legalmente los recursos naturales del país ocupado sin el consentimiento de la población indígena de este país.

Sostengo en este documento que ha sido sólo recientemente que la soberanía sobre estos recursos ha comenzado a ser parte importante de las exigencias de los activistas saharauis que resisten ante la ocupación marroquí. Como indico más abajo, los territorios ocupados tienen una larga historia de resistencia generalmente no violenta, pero el núcleo de esta resistencia, desde la invasión marroquí, giraba tradicionalmente en torno a los derechos humanos y la independencia. ¿Qué ha llevado, entonces, al reciente giro hacia los recursos naturales en las demandas de los manifestantes y cuáles son las implicaciones más amplias de este giro?

Este artículo se basa en veinte entrevistas individuales (grabadas), varias conversaciones y comunicaciones personales y dos grupos de discusión (uno de siete participantes, en Agadir, el 22 de abril de 2014, el otro con seis, en Marrakech, el 23 de abril de 2014) con saharauis, llevados a cabo en la zona ocupada de El Aaiún (Sahara occidental), en agosto de 2014, Rabat, Marrakech y Agadir (Marruecos), en abril y mayo de 2014 en Zaragoza (España), en noviembre de 2014, y en los campamentos de refugiados saharauis que constituyen el Estado saharaui en el exilio, en diciembre de 2015, así como una entrevista por teléfono con un activista de la solidaridad (miembro fundador y expresidente del grupo solidario Western Sahara Resource Watch (WSRW), con sede en Europa) y en la observación de un taller de cuatro horas sobre recursos naturales destinado a 22 activistas saharauis y organizado por la Campaña saharaui Contra el Saqueo (SCAP, por sus siglas en inglés), en el campamento de Bojador (Argelia), en diciembre de 2015. Desde junio de 2015 soy presidenta de WSRW y mi participación como voluntaria data de 2009. Así pues, este artículo es también fruto, en cierta medida, de mis experiencias personales.

Los entrevistados fueron seleccionados en su mayor parte a partir de su participación en campañas contra la explotación de los recursos naturales. Sin embargo, los grupos de discusión en las ciudades marroquíes estaban formados por activistas nacionalistas sin vínculo, necesariamente, con las campañas relativas a los recursos naturales. Del mismo modo, cinco entrevistas (con Nguia Haouasi, Soukaina Yaya, Hassana Aalia, Fatan Abaali y Hayat Rguibi) y una conversación personal (con Ali Salem Tamek) se llevaron a cabo con el fin de conocer las opiniones y experiencias de los activistas que trabajan dentro de la resistencia saharaui más amplia en los territorios ocupados, pero no necesariamente con una preocupación principal en los recursos. Una de ellas con el Representante Adjunto del Estado saharaui en el exilio en el Reino Unido, para conocer el punto de vista oficial del Polisario. El estudio forma parte de un proyecto más amplio de tesis doctoral sobre género y resistencia en el Sahara Occidental y Guinea Ecuatorial, financiado por la Universidad de Leeds. 

En la primera parte del artículo, trazo el surgimiento del movimiento independentista saharaui ante la dominación colonial española y cómo el tema de la explotación de los recursos naturales se enmarca dentro de la lucha nacionalista. A continuación, analizo brevemente el movimiento de resistencia no violenta saharaui en la parte ocupada del Sahara Occidental posterior a la colonización marroquí, y por qué sus demandas pasaron a un segundo plano “subterráneo” en un primer momento, para luego volver a surgir y centrarse en los derechos humanos, las demandas socioeconómicas y la independencia. En tercer lugar, me centro en la protesta de Gdeim Izik, cuando las demandas relacionadas con los recursos naturales volvieron expresamente de nuevo a escena. A continuación, analizo con mayor profundidad por qué la explotación de recursos naturales sólo ha resurgido como una demanda entre los activistas civiles en los últimos años, antes de analizar, por último, las implicaciones de este viraje.


El período colonial español y el descubrimiento de yacimientos de petróleo

Hoy, la riqueza natural del Sahara Occidental está bajo control marroquí, en el que el rey Mohammed VI y los miembros del majzén (clase de la élite monárquica y aparato del estado marroquí), en muchos casos, se benefician personalmente de su explotación. Sin embargo, la explotación económica se remonta a los tiempos de la colonia española. La colonización del Sahara Occidental la llevaron a cabo un puñado de imperialistas y comerciantes españoles, seguido de un grupo de pequeños empresarios. De hecho, en un principio, el proyecto colonial español fue exclusivamente comercial (Munene 2008, 91). El objetivo era crear una serie de pequeños asentamientos fortificados a lo largo de la costa del Sáhara. El primero construido fue lo que luego se convertiría en la capital colonial, Villa Cisneros, hoy Dajla, en 1884-1885 (San Martín 2010, 26) Más tarde, se erigieron otras construcciones en Tarfaya y La Güera en 1916 y 1920, respectivamente (Zunes y Mundy 2010, 100). Los españoles pudieron beneficiarse de las ricas pesquerías del Sahara occidental y del comercio con las tribus saharauis y otros viajeros a lo largo de la ruta tradicional de caravanas desde el Senegal[1].

Las expediciones geológicas privadas que terminaron en 1947, como más tarde los estudios llevados a cabo por encargo del gobierno entre 1952 y 1962, encontraron depósitos de petróleo en varios lugares tanto en tierra como en alta mar. Sin embargo, debido a los bajos precios, la baja calidad y la falta de infraestructura, no hubo inversiones empresariales (San Martín 2010, 51). El descubrimiento de las mayores reservas de fosfatos del mundo (elemento integral de la producción de fertilizantes agrícolas) resultó ser potencialmente lucrativo y, por lo tanto, el proyecto colonial se expandió hacia el interior. La compañía estatal minera española EMINSA (más tarde FOSBUCRAA) creó la mina Fos Bucraa, en 1968, que incluía una cinta transportadora de 96 kilómetros de longitud (la más larga de su tipo en el mundo) para el transporte de las riquezas hasta el océano Atlántico para la exportación. Cuarenta y seis años después, Marruecos sigue explotando esta mina, con la que domina el mercado mundial de los fosfatos en un porcentaje de 85% de la producción total. Sólo en 2014, Fos Bucraa produjo alrededor de 2,1 millones de toneladas de fosfatos, con un valor estimado de 230 millones de dólares al año (Western Sahara Resource Watch 2015).

A pesar de que ya en la década de 1960, la ONU presionaba a España a favor de la descolonización[2] , la expansión del proyecto colonial atrajo más y más colonos españoles al Sahara Occidental, reconocido ya como una provincia española. Gran parte de la población saharaui se hizo sedentaria. Muchos hombres trabajaban en la mina de fosfatos y hombres y mujeres en la industria de la pesca, donde proporcionaban mano de obra barata para la explotación de los recursos, a la vez que otros tenían puestos de trabajo en la administración colonial. No obstante, la población seguía segregada. De hecho, como era de esperar, la riqueza del territorio estaba dividida de manera desigual a favor de los españoles. Esta insatisfacción, junto con la crisis de las formas tradicionales de organización social basadas en el parentesco, permitió el surgimiento de un nuevo sentido de identidad colectiva. Tal como se descubrió con ocasión de un estudio de población de 1973, los saharauis ya no se identificaban por su linaje tribal. En cambio, como ellos mismos afirmaban en broma, todos los saharauis pertenecían ahora a la tribu tributaria de casta baja de los Zenagas y pagaban tributo a los españoles (San Martín 2010, 55).

Mientras tanto, el fervor revolucionario se extendía por todo el continente africano, y el SaharaOccidental no escaparía a esta tendencia. Mohamed Basiri, un intelectual saharaui nacionalista moderado y muy versado en el panarabismo y en las corrientes socialistas y anticoloniales que recorrían África en ese momento, fomentaron la difusión de este discursos político entre la población saharaui. A medida que el sentido de identidad colectiva saharaui y el tipo de nacionalismo difundido por Basiri se difundían por el Sahara Occidental, se sembraban las semillas de un movimiento pro independencia. Sin embargo, después de una gran manifestación, con participación de 5.000 saharauis, en la plaza Zemla de El Aaiún, el 17 de junio de 1970, varios líderes del movimiento fueron encarcelados o fusilados, y Basiri fue desaparecido. Esta violenta represión de un movimiento pacífico empujó a los nacionalistas saharauis hacia la lucha armada. En relación con estos acontecimientos, mujeres saharauis afirmaron ante lideresas españolas de la Sección Femenina franquista en el Sahara que, «…el momento histórico fue el 17 de junio de 1970. Ya no podemos confiar en vosotros...” (Mateo 1974, 8). Poco después de la matanza e inspirado por la manifestación de Zemla y el grupo de Basiri Harakat Tahrir (Movimiento de Liberación), un grupo de jóvenes estudiantes universitarios saharauis que habían estado estudiando en Marruecos formaron el Frente para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Polisario), liderado por el carismático El Uali Mustafa Sayed (comúnmente conocido como El Uali).

Con ello comenzó la lucha armada. En un primer momento, El Uali y sus compañeros recorrieron clandestinamente el territorio para reclutar partidarios, mientras activistas como Fátima Ghalia Leili comenzaron a formar a las mujeres en los métodos de acción directa (Entrevista con Soukaina Yaya, activista nacida en el período español, El Aaiún, 22 de agosto 2014). El Polisario y su ala femenina, Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), llevaron a cabo el trabajo ideológico que Basiri había comenzado.

La ideología nacionalista del Polisario se basó en el discurso revolucionario socialista, que hacía hincapié en la importancia del papel de las masas populares para el cambio revolucionario y el principio de que los intereses colectivos siempre deberían preceder a los del individuo. El Polisario planteaba una sociedad igualitaria y comunitaria, en la que se aboliría la esclavitud y la emancipación de la mujer sería uno de los objetivos (Allan 2010, 190).

El discurso nacionalista saharaui difundió una lectura de lo social que, a raíz de lo que Laclau y Mouffe han llamado la « lógica de la equivalencia», buscaba dividir el ámbito del discurso en dos bloques ideológicos opuestos que permitían negar el uno al otro, a la vez que “decontestaban” y hacían equivalentes en su conjunto una serie de discursos, conflictos y quejas más específicos (1987). La discriminación de los trabajadores saharauis en la mina de Bucraa, la falta de acceso a oportunidades de educación y empleo para las mujeres saharauis, las barreras a la participación política de las nuevas generaciones de saharauis, la discriminación racial sufrida por los esclavos negros y los harratin (ex esclavos) quedaban homologadas y adquirían su significado en tanto que diferentes expresiones de una sola opresión: la del enemigo colonialista, primero España, más tarde Marruecos y Mauritania (Allan 2010, 190).

Bajo España, la libertad respecto del yugo colonial se expresaba, en el discurso del Polisario, como independencia para el pueblo saharaui y soberanía sobre sus recursos naturales. Archivos españoles de la época indican cómo, en 1974, este tipo de discurso se hacía hegemónico entre la población saharaui. Un informe español sobre las opiniones políticas de las mujeres saharauis, por ejemplo, mostró que las mujeres estaban casi sin excepción a favor de la independencia y de la autodeterminación, y en contra de la integración con cualquier otro país y a favor del Polisario. Las mujeres saharauis eran conscientes de ser “un pueblo rico, pero al que los españoles le arrebataban lo que era suyo”, (Mateo 1974, 20) y la frase “somos ricos y tenemos fosfatos” (Mateo 1974, 3), se recogió repetidamente por los investigadores españoles. Dos acontecimientos ayudan a ilustrar con más detalle cómo la soberanía sobre los recursos naturales se volvió indisociable con el sueño de la independencia en el discurso nacionalista emergente.

En octubre de 1974, una alumna saharaui de 15 años de edad, reunió a todas sus compañeras de clase para planificar una protesta durante la pausa escolar en contra de la presencia española en el territorio. Las chicas se quejaban de que los españoles no habían hecho nada por el territorio, aparte de “descubrir los fosfatos … y de llevárselos” (Mateo 1974, 9). En la noche del 19 del mismo mes, guerrilleros del Polisario sabotearon dos estaciones de la cinta transportadora de Bucraa, infligiéndole a España pérdidas económicas “muy importantes” (Mateo, 1974). A través de las ideas nacionalistas que sembró e hizo hegemónicas, el Polisario hizo de la riqueza natural del Sahara Occidental una demanda clave de la resistencia saharaui contra los españoles. Más adelante veremos cómo esta demanda resurgirá entre la resistencia civil no violenta durante la ocupación marroquí.

Hacia fines de 1974, bajo una creciente presión de la ONU en el exterior y del movimiento saharaui en el interior, España anunció su decisión de celebrar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui, y llevó a cabo un censo con este propósito. Sin embargo, Marruecos y Mauritania tenían otros objetivos, y reivendicaban la propiedad del Sahara Occidental. Los dos países llevaron su reclamación a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 1975, con el apoyo de todos los estados árabes, solicitando un dictamen que ayudara a consolidar legalmente su prevista ocupación del territorio. Sin embargo, la CIJ no emitió la opinión que Marruecos esperaba. La evidencia histórica “no establece ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sahara Occidental y el Reino de Marruecos y la entidad mauritana”. En cambio, mostraba que, en la época precolonial, el sultán de Marruecos no tenía control sobre el Sahara Occidental, del mismo modo que tampoco reclamaba el control del territorio (Corte Internacional de Justicia, 1975).

Por lo tanto, la CIJ instó a la aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General que instaba a la descolonización del Sahara Occidental y, en particular, a la aplicación del principio de libre determinación mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio (Corte Internacional de Justicia de 1975). 

Al día siguiente del aviso de la CIJ, el rey Hassan II anunció en la televisión marroquí que la Corte había fallado en su favor y que, por lo tanto llevaría una “pacífica” marcha verde de más de 300.000 civiles marroquíes al Sahara Occidental. España, poco dispuesta a enfrentar una guerra impopular y costosa con Marruecos y Mauritania, y acobardada por la presión de USA, concedió a través de un acuerdo tripartito firmado el 14 de noviembre 1975 a dividir el Sahara Occidental entre sus dos vecinos africanos. A cambio de este entreguismo, España recibiría el 35% de cualquier futura explotación de minerales, así como ciertos derechos sobre la pesca (Zunes y Mundy 2010, capítulo 1).

En noviembre de 1975, 350.000 civiles marroquíes marcharon a pie hacia las ciudades del Sahara Occidental. Entretanto, el ejército marroquí entró en el territorio con tanques y aviones, y bombardearon con napalm y fósforo blanco a grupos de saharauis que huían (más o menos la mitad de la población permaneció en la región del Sahara Occidental, que sería ocupada) (San Martín 2010, 2). Estos civiles se dirigían a pie a Argelia, que les había ofrecido asilo en su Hamada: la parte más seca e inhóspita de su desierto, donde los refugiados saharauis permanecen hasta nuestros días. Fue aquí que el Polisario estableció su estado en el exilio, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) proclamada originalmente en Bir Lehlu, en la parte liberada del Sahara Occidental, el 27 de febrero de 1976.

Las fuerzas mauritanas pudieron ofrecer poca resistencia a las tácticas de guerrilla del Polisario, y Mauritania se retiró en 1979, firmando un acuerdo de paz con los saharauis, en un momento en que Marruecos había sido casi totalmente expulsado del territorio (más tarde, Mauritania reconocería la RASD). Sin embargo, por desgracia para el Polisario, durante la década siguiente la situación se modificó gracias a los aliados estratégicos de Marruecos –Arabia Saudí, Francia y USA– que ofrecieron apoyo financiero y militar, y el patrocinio para la construcción del muro militar activo más grande del mundo (Zunes y Mundy 2010, capítulo 1). De una longitud aproximada de 2.700 kilómetros, el “muro de la vergüenza” como lo llaman los saharauis, separa los territorios controlados por el Polisario de las zonas ocupadas por los marroquís, y está fuertemente reforzado por campos de minas (San Martín y Allan 2007).

Lo que colocó a Marruecos en una posición negociadora de fuerza, una vez que la ONU entró de nuevo en escena en un intento de establecer un alto el fuego, en 1991. Esta oferta se basaba en la promesa de un referéndum de autodeterminación para los saharauis. Sin embargo, esta votación fue bloqueada repetidamente por Marruecos, dejando empantanada la solución patrocinada por la ONU en el conflicto. El Polisario, sin una opción militar realista frente a la superioridad militar marroquí y sus poderosos aliados occidentales (que no ha impedido crecientes llamados para un retorno a la guerra), ha continuado desde entonces en la vía política aparentemente estancada. Mientras tanto, en los territorios ocupados ha emergido un movimiento no violento de la población cuya resistencia será el tema central de la próxima sección de este artículo.

Resistencia no violenta en el Sahara Occidental ocupado: derechos humanos, reivindicaciones socioeconómicas e independencia

A principios de los años 1980, los actos de resistencia fueron en gran parte clandestinos. Las llamadas abiertas a la independencia y la soberanía sobre los recursos naturales que agobiaron a los españoles durante los últimos 18 meses en el territorio simplemente no eran pensables en medio del terror de la ocupación marroquí. Sin embargo, al margen de la esfera pública creció lo que James C. Scott calificó de “hidden transcript”, "transcripción oculta”, es decir que actos manifiestos de resistencia al ocupante se multiplicaban a puertas cerradas.

Los comunicados de radio del Polisario se escuchaban bajo mantas para amortiguar el sonido (Entrevista con Sultana Chaya, activista y presidenta de la Liga Saharaui de Recursos Naturales y Derechos Humanos (Liga Saharaui), 26.11.2014), se distribuían clandestinamente folletos pro-Polisario y se escondían en casas de seguridad activistas buscados. Los saharauis más decididos organizaban lo que llamaban «operaciones», pintadas grafiteras y de la bandera de la RASD en las paredes de los edificios administrativos marroquíes, y sustitución de banderas marroquíes por banderas de la RASD (Comunicaciones personales con el ex desaparecido Malainin Lakhal, octubre de 2013).

James C. Scott sostiene que la resistencia pública y abierta (peticiones, huelgas, manifestaciones, etc.) es privilegio de las democracias liberales occidentales, mientras que las comunidades que no pueden protestar públicamente de forma segura usan lo que Scott califica de infrapolítica (transcripciones ocultas, actos cotidianos de resistencia y subculturas disidentes, como es el caso saharaui a principios de los años 1980) (1990). La rebelión abierta y declarada solamente estallará entre una comunidad tan oprimida, sostiene Scott, cuando “la presión [de la indignación] aumente o cuando haya fallas en el "muro de contención" que la contiene"(1990, 197). Sin embargo, esta explicación no explica completamente el caso del Sahara Occidental.

En 1987, cuando la represión marroquí estaba en su apogeo y las desapariciones de saharauis eran una moneda corriente y amenazante, activistas saharauis organizaron una importante protesta en pro de los derechos humanos, en El Aaiún, en un momento en que la ONU estaba de visita para comenzar a preparar el referéndum sobre el destino del territorio. Tal resistencia abierta, a pesar de la represión violenta inevitable que los manifestantes esperaban tener que enfrentar, ilustra cómo la necesidad estratégica de escenificar la resistencia ante un público externo (y con ello difundir además un discurso contrahegemónico desafiante de la hegemonía marroquí) es también importante en la explicación de por qué la resistencia se manifiesta en abierta y pública.

Mientras que, entre la invasión marroquí y 1987, la población civil saharaui en los territorios ocupados se basaba en tácticas de resistencia clandestinas y encubiertas que Scott calificaría de “armas de los pobres”, la visita de la ONU presentó una oportunidad política que los activistas trataron de capitalizar mediante el lanzamiento, por primera vez bajo la colonización de Marruecos, de una protesta abierta y masiva.

Docenas de organizadores y participantes en esta protesta de 1987 fueron desaparecidos con violencia, incluyendo a Aminatu Haidar, una de las lideresas oficiosas de la resistencia, que fue encarcelada y torturada durante cuatro años. Ella y otros 299 desaparecidos saharauis, incluyendo familias enteras en algunos casos –algunos de los cuales habían sido detenidos luego de la protesta de 1987 y otros desde los años 1970 y principios de los 80, pero todos los cuales habían sido detenidos incomunicados y sin juicio– fueron puestos en libertad en 1991 coincidiendo con el cese el fuego (Departamento de Estado, USA 2003). La liberación de estos presos políticos contribuyó a inspirar una mayor resistencia entre una generación más joven de saharauis (Barca y Zunes 2009, 159). La llegada de la ONU en el territorio dio también a muchos activistas una mayor confianza para llevar a la escena pública sus actos de resistencia, al tener ahora puestos sobre ellos los ojos de la comunidad internacional, lo cual en sí mismo era una forma de protección (Comunicación personal con Malainin Lakhal, 13.5.2014).

Sin embargo, la realidad ha mostrado a los activistas saharauis que estaban equivocados. La MINURSO, la misión de la ONU en el territorio, tiene un aspecto muy inusual, ya que se trata de una misión de mantenimiento de la paz que no tiene un mandato para supervisar los derechos humanos. Cada mes de abril, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vota la inclusión de la vigilancia de los derechos humanos en el mandato de la MINURSO y cada año Francia, el más fiel aliado de Marruecos, amenaza con vetar la votación, bloqueándola. De hecho, incluso cuando los saharauis son golpeados públicamente en la plaza frente al edificio de la ONU (que, por cierto, luce en su exterior una bandera marroquí pero no una bandera saharaui), el personal de las Naciones Unidas mira hacia otro lado. Algunos manifestantes saharauis contaron que al intentar buscar refugio en el edificio de la ONU fueron entregados a la policía marroquí por el personal de la MINURSO (Conversaciones con la activista política Hamza Lakhal, El Aaiún, agosto de 2014).

Las intifadas de principios de los años 1990 (mucho más pequeñas y cortas que las de 1999 y 2005, mejor estudiadas y documentadas, pero calificadas de intifadas por los saharauis), como la Intifada de las Tres Ciudades (Smara, Assa y El Aaiún) en 1991, exigían la libertad de los prisioneros políticos, protestaban contra la celebración de elecciones marroquíes en el Sahara Occidental e incluso reclamaban la independencia[3] . Especialmente en lo relativo a esta última reivindicación, los levantamientos fueron duramente reprimidos y saldados con una serie de desapariciones forzadas y de penas de decenas de años de prisión para los participantes.

Por esta razón, cuando tuvo lugar la intifada de 1999, inspirada por la liberación de varios presos políticos saharauis, considerados héroes, y por la oportunidad política percibida tras la muerte de Hassan II (Shelley 2004, 115), las demandas se centraron en los derechos humanos de estudiantes y trabajadores, dejando la más peligrosa reivindicación de independencia para la intifada siguiente de 2005 (M. Lakhal, com. pers., 13.5.2014). Esta última vió protestas explícitamente nacionalistas en todo el Sahara Occidental y las áreas dominadas por los saharauis del sur de Marruecos, e incorporó a todos los sectores de la población, desde los niños de las escuelas hasta los ancianos(Stephan y Mundy 2006).

La posibilidad de cantidades comerciales de petróleo, amenaza sobre la lucha saharaui

Como se ilustra en este artículo, los recursos naturales del Sahara Occidental han sido explotados por sus colonizadores desde finales del siglo XIX. El costo de mantener su ocupación del Sahara Occidental está ampliamente amortizado por la capacidad marroquí de comercializar el pescado, los productos agrícolas, los fosfatos, la sal, la arena, y la energía eólica y solar de su colonia. Por ejemplo, toda la pesca en alta mar la realizan buques de pesca marroquís, y en relación a la pesca costera tradicional, muy pocas licencias se conceden a los saharauis (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sahara Occidental, 2014). En Dajla, donde la pesca es la principal industria, sólo el 5% de los trabajadores son saharauis. La industria de los fosfatos emplea actualmente alrededor de 3.000 trabajadores, de los cuales sólo el 21% son saharauis (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sahara Occidental, 2014).

Estos últimos tienden a estar empleados en los trabajos peor pagados, como la limpieza (Entrevista personal con Sidi Breika, Representante Adjunto del Polisario en el Reino Unido, Londres, 31 de marzo de 2014) y, de hecho menos de 4% de los técnicos son saharauis. Todas las plantaciones de tomate son propiedad de la familia real de Marruecos y de poderosos conglomerados marroquíes o empresas multinacionales francesas. Ninguna es propiedad de los saharauis, ni tampoco de pequeños colonos marroquíes (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sahara Occidental, 2014). Más al Este, los 165.000 refugiados saharauis que viven de la ayuda humanitaria en los campamentos de Argelia no reciben compensación alguna por la explotación de sus recursos naturales (ACNUR, 2015).

La potencial explotación de los yacimientos de petróleo descubiertos por los españoles en los años 1940 y 1950 aparece ahora como una amenaza en este territorio desértico y es el beneficio económico para Marruecos lo que oscurece el horizonte de las aspiraciones de independencia saharaui. La implementación de los contratos de explotación petrolera podría estar a punto de inflar drásticamente dicho beneficio. Los programas petroleros y gaseros ilegales de Marruecos actualmente conciernen seis bloques petroleros en aguas del Sahara Occidental, cada uno de ellos atribuido a empresas por ONHYM (Western Sahara Resource Watch, 2013, 4). Dos empresas británicas, Teredo Oil Limited y Cairn Energy, son accionistas del Boujdour Offshore Shallow Block y del Cap Boujdour Offshore Bloc, respectivamente (Western Sahara Resource Watch, 2013, 4), mientras que la anglo-irlandesa San Leon inició la perforación en tierra, cerca de la ciudad de El Aaiún, en marzo de 2015.

Cairn Energy, con su socio Kosmos, trasladó su equipo de perforación para comenzar a perforar el bloque de Gargaa, de un potencial de mil millones de barriles, en diciembre de 2014. Sin embargo, la firma de los acuerdos de petróleo y gas coincide con una nueva etapa en la resistencia saharaui. La exigencia, tan destacada bajo el dominio español, de la soberanía sobre los recursos naturales surge una vez más, como se indica en la siguiente sección.

La protesta de Gdeim Izik del año 2010 ha sido descrita por Noam Chomsky como el comienzo de la primavera árabe. Fue “la mayor manifestación llevada a cabo por los saharauis” (Breika, int. pers., 31 de marzo de 2014) en la que entre 15.000 y 20.000 personas levantaron una ciudad de carpas en el desierto, a las afueras de El Aaiún. Como destaca Wilson (2013, 91), si tomamos como guía las últimas estimaciones disponibles de la ONU relativas a la población adulta total saharaui en los territorios ocupados, que en 2000 era de 41.150 personas, se aprecia mejor la enorme escala de la protesta, en términos proporcionales (aunque la cifra que ofrece la ONU es conservadora). Además, como señala Wilson, la protesta de Gdeim Izik tuvo lugar en los márgenes temporales, geográficos y conceptuales de la primavera árabe (2013, 82).

Su carácter altamente organizado (el campamento actuó como una sociedad en pleno funcionamiento, con recogidas regulares de basura, atención médica, comités de negociación con las autoridades marroquíes y distribución de alimentos, agua y otros elementos esenciales) ilustra que los saharauis son “capaces de sobrevivir y organizarse sin ninguna necesidad de la administración colonial marroquí” (Lakhal 2014, com. pers.) Como sostiene Mundy, la fórmula del campamento en el desierto también estaba destinada a mostrar su solidaridad con los refugiados saharauis de Argelia (2011).

Dice uno de los administradores del campo que “el objetivo principal consistía, entre otras cosas, en detener la explotación masiva de los recursos del Sahara Occidental" (Activista entrevistado por Sahara Thawra 2012). Hassana Aalia, que ha sido condenada in absentia a cadena perpetua acusada de organizar el campamento[5], ve a la explotación de los recursos naturales como la razón principal para la aparición de éste: "Las multinacionales y la Unión Europea siguen robando nuestros recursos naturales, mientras que la población saharaui es cada vez más pobre, y sufre el aumento del desempleo” (Entrevista personal con Aalia, Zaragoza 26 de noviembre de 2014). La colega de Aalia Nguia Elhaouasi, que cumple actualmente una sentencia suspendida por su supuesto papel en el campo, afirma en este sentido que:

“El campamento de Gdeim Izik fue el resultado de toda esta presión contra la población saharaui. No tenemos derecho al trabajo. Hay muchos graduados, algunos incluso con un doctorado, pero ninguno de ellos puede conseguir trabajo. Y no nos beneficiamos de nuestros recursos naturales: la pesca, los fosfatos ... Así que bajo tanta presión y sin derecho a nuestros recursos, el campamento fue un estallido.” (Entrevista personal con Nguia Elhaouasi, Zaragoza 26, de noviembre de 2014)

De hecho, los lemas comunes cantados en el campamento incluían, como se citó anteriormente: “El pueblo saharaui sufre mientras se saquea su riqueza” y “Ni vemos nuestros recursos, ni ellos nos ven” (Breika, ent. pers. 31 de marzo de 2014). Otra activista que vivió en el campamento afirma: “Gdeim Izik expresaba la preocupación por los problemas sociales y políticos, y por los recursos naturales del Sahara, de los que la gente saharaui no aprovecha” (Entrevista personal con Fatan Abaali, Agadir, 22.de abril de 2014)[6]. De hecho, cuando los saharauis comentan las actividades de las empresas petroleras y otras en su territorio, con frecuencia vinculan sus quejas a la situación socioeconómica de su población. Explica un activista:

“Nos centramos en los recursos naturales más que nada porque hay una gran cantidad de saharauis sin trabajo. Ellos ven como su pescado y su mineral va a parar a otros países, sin que ellos obtengan nada. Su territorio no es pobre, es rico, pero saharauis ni siquiera puede permitirse unas monedas para tomar un café o comprar cigarrillos.” (Entrevista personal con Ahmed Baba, Rabat, 28 de abril de 2014)

Cuando escucharon, el 8 de noviembre de 2010, que las fuerzas de seguridad marroquíes habían rodeado Gdeim Izik y estaban procediendo a arrasar el campamento, activistas saharauis en El Aaiún prendieron fuego a las instalaciones del Ministerio de Minas y Energía marroquí, que alberga la ONHYM (Western Sahara Resource Watch 2013, 9). Desde entonces y hasta el día de hoy, activistas saharauis que viven en el Sahara Occidental ocupado y estudiantes saharauis que viven en el mismo Marruecos organizan regularmente manifestaciones contra las compañías petroleras que han firmado acuerdos con la ONHYM.

Cabe señalar que gran parte de estas protestas están protagonizadas principalmente por mujeres. En la cultura saharaui, la práctica política, en el sentido amplio de la palabra, se considera un rol femenino tanto como masculino, a la vez que el rol de las mujeres como madres y amas de casa les permite cierta flexibilidad en relación con el tiempo y el espacio para participar en las manifestaciones. Por otro lado, los hombres, debido a su rol masculino construido como sostén de la familia, a veces optan por evitar las formas públicas de protesta por temor a perder sus puestos de trabajo.

Volviendo a las formas de protesta contra la explotación de los recursos naturales, también se han reportado huelgas de hambre contra la industria petrolera (Western Sahara Resource Watch, 2013, 9), y hay abundantes testimonios de vídeo en YouTube en los que mujeres y hombres saharauis denuncian a las compañías petroleras individuales en árabe, inglés y español[7].

Los activistas saharauis, en los últimos años, han comenzado a establecer organizaciones centradas principalmente en la lucha contra la explotación de los recursos naturales, como el petróleo, por parte de empresas extranjeras. La primera de ellas fue el Comité para la Protección de los Recursos Naturales del Sahara Occidental (CSPRON), fundado en 2006 en El Aaiún (Comunicación personal con Lahcen Dalil, vicepresidente de CSPRON, 18 de diciembre de 2014), seguido de la Liga Saharaui de Derechos Humanos y Recursos Naturales, fundada en 2011 en Bojador (ent. pers. con S. Khaya, 26.11.2014) y la Asociación para la Vigilancia de la Protección del Medio Ambiente y Recursos Naturales del Sahara Occidental, creada en El Aaiún en 2015 (ent. pers. con sus fundadores, el 25.4.2015). Otras organizaciones saharauis, como el Centro Saharaui para los Medios y la Comunicación, el Colectivo de Defensores Saharauis de los Derechos Humanos (CODESA) y Equipe Media, que en el pasado tenían un enfoque más amplio y más general han comenzado recientemente a centrar su atención en los recursos naturales a medida que aumenta la explotación de los mismos (ent. pers. con Mohamed Brahim (seudónimo), El Aaiún, 25.8.2014; ent. pers. con Mohamed Mayara, El Aaiún 27.8.2014; ent. pers. con Ali Salem Tamek, Auserd, 12.12.2015).

De manera significativa, los líderes de CSPRON y la Liga Saharaui sufrieron un acoso grave por parte de las autoridades marroquíes. Sidahmed Lemjayed, Presidente de CSPRON, fue condenado a cadena perpetua por su participación en el campamento de Gdeim Izik, en una farsa de juicio celebrada en Marruecos en 2013 (Human Rights Watch 2013). Sultana Khaya, fundadora y presidenta de la Liga Saharaui, está, en el momento en que redacto estas líneas, siendo tratada en un hospital especializado en España a causa de graves lesiones estomacales sufridas durante la tortura a que fue sometida. Antes había ya perdido un ojo por la tortura policial (Ent. pers. a S. Khaya, 26.11.2014). Otros miembros de la Liga Saharaui resultaron heridos por la policía en marzo de 2014, durante una protesta pacífica contra la asociación de exploración de petróleo Kosmos-Cairn (Western Sahara Resource Watch 2014).

Fuera de los territorios ocupados, el Observatorio Saharaui de Recursos Naturales (OSRN), una ONG creada en el Estado saharaui en el exilio en abril de 2013, y otra ONG conocida como SCAP, surgida también en los campamentos en marzo de 2015, pueden funcionar sin el obstáculo de la represión policial. Desde que OSRN y SCAP han comenzado a operar, han aumentado significativamente las protestas en los campamentos contra las multinacionales y los gobiernos que participan en la explotación de recursos naturales específicos. La más notable fue la protesta de octubre de 2015 contra la compañía energética británico-irlandesa San Leon, en el campamento de Auserd, en la que participaron unos 8.000 saharauis.[8] Del mismo modo, el Polisario ha lanzado una ofensiva diplomática contra potenciales explotadores de su petróleo.

Además de denunciar en los medios de comunicación estas actividades, comprometiendo la participación tanto de las propias empresas como del Consejo de Seguridad de la ONU (Western Sahara Resource Watch, 2013, 9), el gobierno saharaui en el exilio ha comenzado su propio programa de emisión de acuerdos de garantías a favor de compañías petroleras, que permitirán a éstas explorar bloques petrolíferos costeros cuando el Polisario pueda acceder a los territorios actualmente ocupados por Marruecos[9], así como bloques en tierra en los territorios liberados del Sahara Occidental ya controlados por él[10]. De hecho, el Polisario es muy consciente de que los ingresos del petróleo podrían ser una importante fuente de financiación de un futuro Estado saharaui, y en mayo de 2014 adoptó un Código de Minería. Además, como han señalado Stephan y Mundy (2006, 31), al ofrecer los mismos bloques que Marruecos ha comprometido a otras empresas, el Polisario espera fomentar una batalla legal internacional.

Los actuales acuerdos entre las multinacionales del petróleo y la compañía estatal marroquí del petróleo, la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas (ONHYM) van a ofrecer beneficios económicos mínimos a los saharauis. Por el contrario, las empresas petroleras pueden añadir legitimidad política y una financiación significativa a la ocupación por parte de Marruecos, creando al mismo otros obstáculos para el proceso de paz de la ONU, que muestra la complicidad en las violaciones de los derechos humanos contra el pueblo saharaui, y, si se descubre petróleo, agotando los recursos naturales de los saharauis, lo que significaría que éstos no obtendrían ningún beneficio al lograr la independencia. Los saharauis son cada vez más conscientes de estas implicaciones, y los especialistas en movimientos sociales sostienen que el poder político de los movimientos de resistencia está relacionado con su capacidad para aprovechar las oportunidades políticas y responder a las amenazas políticas (Tilly y Tarrow, 2007). Los saharauis califican la creciente explotación de sus recursos naturales de amenaza política creciente a su lucha por la independencia, y, por lo tanto, la soberanía sobre los recursos naturales se ha convertido en un objetivo estratégico de su resistencia. A través de sus protestas y campañas, los saharauis han puesto de manifiesto que las actividades de exploración y extracción de petróleo se llevarán a cabo sin su consentimiento, en contra de su voluntad expresa. Una vez más, en los territorios ocupados, en los que, como hemos visto, los activistas cumplen condenas de cadena perpetua y sufren la tortura por su resistencia abierta a la explotación de recursos, afrontan los riesgos de una resistencia pública abierta, por cuanto son conscientes de la necesidad de que su resistencia sea observable por las empresas extranjeras.


Como ya he ilustrado anteriormente, los recursos naturales han estado en el centro de los sufrimientos del Sahara Occidental tanto bajo el colonialismo español como el marroquí. Sin embargo, es sólo recientemente que los recursos naturales han comenzado a resurgir y convertirse en una exigencia clave en las protestas de los activistas saharauis, con la misma intensidad que en el período español. Como hemos visto, el movimiento de resistencia saharaui en los territorios ocupados por Marruecos ha evolucionado con el tiempo, centrándose primero en los derechos humanos y las demandas socioeconómicas (aunque en las acciones clandestinas la cuestión nacionalista siempre se planteó) y, a medida que el miedo retrocedía en la segunda intifada, últimamente sobre la independencia. Ahora, las demandas de los activistas se están ampliando aún más, y los recursos naturales están llegando a un primer plano. En palabras de Malainin Lakhal:
La resistencia pacífica siempre ha progresado gradualmente en función de las posibilidades que se ofrecían, y sus prudentes progresos se basaron en la experiencia pasada. Anteriormente, era peligroso mostrar sus opiniones políticas, y los militantes utilizaban reclamos sociales, económicos y culturales para crear un ambiente de resistencia en la sociedad. Ahora, pienso que estamos en una fase en que la lucha se sitúa a todos los niveles, de manera deliberada (Sr. Lakhal, comm. pers. 13 de mayo de 2014).

Algunos especialistas de los movimientos sociales afirmaron que los protagonistas internacionales pueden ser valiosos aliados para los militantes de la resistencia (McAdam 1998,257; Ghalea 2013,259). En el caso del Sahara, un mayor interés por los recursos naturales en los movimientos de solidaridad a escala internacional suscitó paralelamente entre los militantes saharauis una mayor toma de conciencia (M.Mayara, entrevista personal, 27 de agosto de 2014). Como lo explicó una mujer saharaui, «Hasta hace poco tiempo no éramos conscientes de la magnitud de los saqueos, y sólo ahora comenzamos a concentrarnos en la cuestión» (Zahra Taleb (seudónimo), conversaciones personales, campo de Boujdour, 9 de diciembre de 2015). 

Cuando se trata de investigar sobre las actividades de las compañías extranjeras vinculadas a la explotación de los recursos naturales, los militantes de los países del Norte a menudo están mejor situados que los Saharauis que viven en los Territorios Ocupados, esto por varias razones. En primer lugar, cuando las compañías y los gobiernos extranjeros publican información relativa a sus proyectos en el Sahara occidental, tienden a hacerlo en inglés, lengua poco hablada por los habitantes saharauis de los Territorios Ocupados. En segundo lugar, los grupos solidarios del Norte gozan de un acceso a Internet mucho más fiable que los Saharauis. En tercer lugar, es mucho más fácil ejercer presión sobre una compañía nacional para un residente o un ciudadano del país interesado: se puede tener acceso a la compañía y a sus accionistas, y recurrir a su diputado. Por último, los grupos internacionales no sufren represión violenta por parte de las autoridades marroquíes, y es más probable que tengan los recursos materiales necesarios para ejercer una presión. Por todas las estas razones, el movimiento internacional de solidaridad estuvo en condiciones de desempeñar un papel clave en las primeras fases del combate contra las actividades de las compañías petrolíferas en el Sahara occidental.

En 2003, el Comité Noruego de Apoyo al Sahara Occidental lanzó una campaña contra el papel desempeñado por la compañía noruega TGS-Topec en la realización de estudios sísmicos en los Territorios Ocupados. Al mismo tiempo, una organización de solidaridad basada en los Países Bajos comenzó a ejercer presión sobre el grupo holandés Fugro para que cesen sus propias actividades de localización en la región. Gracias a esta campaña, TGS-Topec sufrió una desinversión masiva que le condujo a abandonar sus actividades en el Sahara occidental. Bajo la misma amenaza, Fugro se retiró también. Los grupos holandeses y noruegos unieron entonces sus fuerzas a las de grupos de solidaridad con el pueblo saharaui en 12 otros países, y juntos iniciaron un combate contra la empresa usamericana Kerr-McGee. La compañía se retiró del Sahara Occidental, pero no antes de que los inversores responsables (incluido el más importante fondo de inversiones del mundo, el Norwegian Petroleum Fund) hubiera invertido aproximadamente 80 millones de dólares en la aventura (Western Sahara Resource Watch 2013, 3).

Además de la presión que ejercen sobre las compañías y los gobiernos implicados en el saqueo del Sahara Occidental, los grupos de solidaridad internacional como el WSRW han organizado talleres con los activistas saharauis de los Territorios Ocupados y campamentos de cabildeo sobre la manera de llevar a cabo una campaña. Cabe señalar que los saharauis y los grupos internacionales de apoyo como el WSRW viven en simbiosis.

WSRW, cuya coordinadora internacional reside en Bélgica, apoyada por los coordinadores voluntarios y miembros en toda Europa, pero también las Américas, en Australia y Nueva Zelandia y en África, puede tener informados a los saharauis de los campamentos y de los Territorios Ocupados, de las actividades de las compañías y de los países donde residen sus miembros, mientras que WSRW necesita vídeos y fotografías que le envían los saharauis, y de sus experiencia en el ámbito de la acción directa no violenta, para apoyar sus acciones de cabildeo.

En efecto, los activistas internacionales suelen ser vigilados, detenidos y expulsados cuando intentan visitar los Territorios Ocupados, lo que aumenta su dependencia de sus asociados que viven sobre el terreno, activistas y saharauis de la sociedad civil.

La educación (o la falta de acceso a la educación) es otro factor importante que explica por qué los recursos naturales han pasado al primer plan de las reivindicaciones de los activistas saharauis relativamente recientemente. Los estudiantes saharauis deploran la imposibilidad de aprender inglés (un idioma que es importante, lo vimos, para seguir las actividades de las compañías extranjeras en Internet) puesto que el sistema educativo marroquí se concentra en el francés. La discriminación contra los estudiantes saharauis es frecuente y puesto que no hay universidad en el Sahara Occidental, la educación superior no es accesible a los menos afortunados. Sin embargo, los saharauis que logran recaudar fondos para ir a vivir en Marruecos, a menudo lo hacen con la idea en mente de la lucha por la patria: Cheikh Khaya, militante de la Liga Saharaui, declara: Decidí estudiar derecho e inglés para ayudar a mi pueblo. La mayoría de los estudiantes estudia derecho para apoyar la causa (Khaya, citado en Allan 2015). Asimismo, Ahmed Baba, doctorando en derecho internacional en la Universidad de Marrakech, explica:

La mayoría de los estudiantes universitarios saharauis eligen estudiar derecho. Pero no hay en nuestro pueblo tradición en este ámbito. Somos la primera generación a abordar esta cuestión. Las generaciones anteriores estaban demasiado ocupadas defendiendo su tierra. Las generaciones de los años setenta y ochenta, participaban en la lucha armada, o se exilaban en los campos. La década de los años 1990, después del final de la guerra fue una época de asesinatos y detenciones, especialmente de aquellos que estaban estudiando. Es por esta razón que hay un vacío enorme en la educación de quienes viven en los Territorios Ocupados (Baba, citado en Allan, 2015).

Cuando los activistas como Khaya y Baba regresan, los estudiantes toman contacto con sus compatriotas, para mostrarles qué aspectos del derecho internacional pueden utilizar para apoyar sus argumentos en sus acciones de cabildeo y de defensa de los derechos. Los estudiantes que han estudiado los idiomas extranjeros ayudan a los militantes para crear las pancartas y consignas contra las compañías extranjeras en su idioma (Grupos de discusión, 2014).

La cuestión de la esperanza es una razón más para que los activistas saharauis retomaran las reivindicaciones de los recursos naturales estos últimos años. En el momento en que escribo, esto hace 24 años que el cese del fuego fue firmado. Las negociaciones entre el POLISARIO y Marruecos bajo el auspicio de las Naciones Unidas no han dado ningún resultado. La razón que da una mujer saharaui durante su participación en un taller sobre la importancia de los recursos naturales en el conflicto del Sahara Occidental es esclarecedora a este respecto «A mi juicio, la vía diplomática no lleva a ninguna parte, y por eso algunos jóvenes quieren reanudar la lucha armada. No quiero la guerra, y considero los recursos naturales como otra vía posible hacia nuestra independencia». (Taleb (seud.), conv. pers., 2 de diciembre de 2015).

Un desarrollo reciente en el curso diplomático destaca la lógica y la exasperación que se expresa en el rechazo de esta mujer respecto al proceso de la ONU.

En marzo de 2016, el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon, visitó los campamentos saharauis, y, en una conferencia de prensa, describió la presencia de Marruecos como una «ocupación». Provocó un gran escándalo de Marruecos que, en señal de protesta, decretó la expulsión de 84 miembros civiles de la MINURSO y el cierre de una oficina de enlace militar. La ONU respondió, lo que plantea la cuestión de si la MINURSO tiene ahora los medios logísticos para celebrar un referéndum, el resultado es que el POLISARIO ahora amenaza con reanudar la lucha armada. De hecho, aceptó el cese del fuego de 1991 debido a la promesa de la ONU de un referéndum de autodeterminación, allanando el camino para la independencia.

Por último, también es importante plantear la cuestión del papel que Internet juega en el retorno de las reivindicaciones de los recursos naturales de los activistas no violentos. Fue a partir de 2001 y 2002 que los saharauis empezaron a tener acceso a teléfonos móviles y a Internet en los Territorios Ocupados (Breika, entr. pers., 31 de marzo de 2014); la conexión en los campamentos es intermitente, y los militantes tienen aún que hacer frente a problemas como la vigilancia, el bloqueo y la piratería de sus comunicaciones por las autoridades marroquíes (Brahim (seudo), entr. per., 25 de agosto de 2014; grupos de discusión, 2014).

Por otro lado, a pesar de estos obstáculos, desde la época de Gdeim Izik y hasta la hora actual, el intercambio de la información respecto a la explotación de los recursos naturales en las redes sociales se ha vuelto mucho más manifiesto (conversación telefónica con Erik Hagen, ex presidente y miembro fundador de WSRW, el 28 de febrero de 2014). Mohammed Saleh, uno de los fundadores del Scap, con sede en el Estado en exilio saharaui, lo expresa bien cuando explica que los medios de comunicación sociales pueden ayudar a los saharauis a superar el bloqueo de información impuesto por Marruecos (los periodistas extranjeros tienen dificultades a entrar al Sahara occidental ocupado): « Los medios de comunicación sociales son un espacio abierto. El éxito de su empleo en la estrategia saharaui depende de los mismos saharauis. Ya no se puede decir que no tenemos cobertura mediática» (conv.pers con Mohammed Saleh, 9 de diciembre de 2015).

Por una parte, las redes sociales les ayudan a los saharauis a comprender mejor qué compañías explotan los recursos naturales del Sahara Occidental y las implicaciones de esta explotación. Por otra parte, también constituyen una plataforma para los saharauis, como lo indica Saleh, para compartir su indignación a nivel internacional. Películas y fotos de saharauis manifestando contra la explotación de sus recursos se comparten públicamente en Twitter con las compañías concernidas, y cartas abiertas redactadas en inglés por saharauis se comparten en blogs y páginas web. Hace poco, la activista saharaui Senia Bachir Abderahman ilustró la cuestión de la explotación de los recursos naturales en una edición consagrada al Sahara Occidental de « The Stream », un programa de Al Jazeera que se centra en las redes sociales[11].

¿Cuáles son las implicaciones de esta recuperación por la resistencia saharaui de la reivindicación de los recursos naturales?

Una vez conocido el proyecto del gigante petrolero francés Total de comenzar a buscar petróleo en aguas de la costa del Sahara Occidental en 2001, la ONU emitió un aviso legal sobre la cuestión (Grupo parlamentario multipartidista en el Sahara Occidental de 2014). He aquí la conclusión de Hans Corell, entonces Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos de la ONU:

Si las actividades de prospección y explotación deben continuar haciendo caso omiso de los intereses y de la voluntad del pueblo del Sahara Occidental, sería una violación de los principios jurídicos internacionales aplicables a las actividades relacionadas con los recursos minerales en los Territorios Non-Autónomas ( Corell 2002).

Los principios jurídicos internacionales a los que se refiere comprenden el Artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas y varias resoluciones de la Asamblea General relacionadas con cuestiones de aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales (Corell 2010, 276-277). Estas resoluciones son diseñadas para «proteger los «derechos inalienables» de los pueblos de los [territorios no autónomos] sobre los recursos naturales, y para establecer y mantener un control sobre el futuro desarrollo de esos recursos» y reconocer »la necesidad de proteger a los pueblos de los Territorios no autónomos de la explotación y saqueo por parte de intereses económicos extranjeros» (Corell 2010, 277).

A principios de 2015, Corell declaró que las actividades de Kosmos no están conformes a su garantía legal. Más adelante en el año, la Unión Africana (UA) publicó su propio dictamen legal, sin dejar ninguna duda sobre el hecho de que toda compañía, Estado o grupos de prospección o explotación de los recursos [de estos territorios] lo hace violando la legalidad internacional, y llamando al boicot de estas compañías, Estados o grupos de Estados (Oficina de Consejo Jurídico y de la Dirección de Asuntos Jurídicos de la Comisión de la Unión Africana 2015).

En el momento en que escribo estas líneas, ninguna de las compañías energéticas que han suscrito acuerdos con la ONHYM para acceder a los seis bloques en las aguas del Sahara occidental publicó pruebas que certificaban la manera en que obtuvo el consentimiento del pueblo saharaui para llevar a cabo sus actividades de prospección. Sin embargo los saharauis siguen descendiendo en la calle para protestar vehementemente contra tales actividades. En otras palabras, puesto que las compañías petrolíferas decidieron no los consultar[12], los saharauis tomaron la iniciativa de demostrar inequívocamente que las compañías extranjeras que compran licencias de prospección petrolera ante el Gobierno marroquí lo hacen contra su voluntad.

A las manifestaciones, los saharauis añaden el cabildeo y la acción legal. El POLISARIO ganó un juicio contra la Unión Europea en diciembre de 2015, durante la cual el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) revocó un acuerdo entre la UE y Marruecos por afectar al territorio del Sahara Occidental (la UE apeló). Una semana más tarde, la compañía petrolera Total renunció a su bloque en el Sahara occidental. Este juicio constituye un primer e importante éxito legal en el marco más general de la lucha de los saharauis, con el reconocimiento de que POLISARIO tiene el derecho a intervenir legalmente ante el TJUE (la UE intentó oponerse). Este asunto será seguido de otros dos ante el mismo Tribunal, uno oponiendo el POLISARIO a la UE con respecto a un acuerdo sobre la pesca que permite a los buques europeos pescar en las aguas del Sahara occidental (Allan 2013, Sahara Press Service 2014), el otro emprendido por la Western Sahara Campaign (WSC), un grupo de activistas británicos pertenecientes a un movimiento de solidaridad, contra el Gobierno británico, con respecto a un etiquetado engañoso de productos del Sahara occidental descritos como marroquís. No sería sorprendente que las empresas petroleras constituyen el próximo objetivo. Hasta ahora, las compañías extranjeras y organizaciones tales como la UE han conseguido evadir las normas de la legalidad internacional sobre la explotación de los recursos de un país ocupado.

La reciente decisión del Tribunal, en caso de fallo, indica que esto podría ser cambiando.

La segunda implicación de estas investigaciones petroleras en espera implica potencialmente más riesgos. Al principio del documental sobre Gdeim Izik filmado por el grupo de solidaridad español Sahara Thawra, se ve a un activista saharaui pintar con aerosol sobre un muro el grafiti «la pérdida de toda esperanza nos hará libres». (Sahara Thawra 2012).Casi 40 años después de la invasión marroquí, los saharauis han perdido la esperanza en España, en la ONU y todas las potencias mundiales, y gradualmente la esperanza de ubicarse en la sociedad civil internacional y en la legalidad internacional está a punto de desvanecerse también. Para algunos de ellos, la guerra es la única opción que puede aportar la libertad, ahora que la esperanza en las otras soluciones se evaporó. Un retorno a la lucha armada tiene una aceptación creciente entre los jóvenes en los campos de refugiados. “La presión en favor de una reanudación de la guerra se vuelve casi insoportable”, declaró Mohammed Abdelaziz, Presidente de la RASD en una entrevista (McTighe 2013).

La presión también aumenta en los Territorios Ocupados. Los violentos enfrentamientos entre saharauis y las autoridades marroquíes que siguieron al desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik, que se saldaron con varias muertes, son reveladoras de este cambio de mentalidad, sobre todo teniendo en cuenta que el movimiento de resistencia saharaui era hasta entonces no violento. Los jóvenes saharauis, sin empleo, sin perspectivas realistas, y que viven bajo el peso de una represión constante, se describen a menudo como « enterrados vivos». Según Hamza Lakhal, aquí muchas personas tienen grandes sueños. Pero no pueden alcanzarlos porque son saharauis (conversaciones personales con Hamza Lakhal, El Aaiún, agosto de 2014). Los partidarios de la lucha armada son cada vez más numerosos. Según Jaula Jaya, que está a punto de terminar sus estudios en Rabat, y que no tiene ninguna perspectiva de encontrar un empleo en su país, « seré la primera en firmar para irme luchar » (Allan 2015).

« Nuestros derechos o la muerte»: manifestación de diplomados desempleados saharauis

Conclusiones

Bajo la dominación española, el entonces discurso emergente del POLISARIO despertó un sentimiento de identidad nacional saharaui, y en este discurso, los recursos naturales, sobre todo los fosfatos, se convirtieron en un símbolo de la nación colonizada, una reivindicación que debía ser afirmada por el joven movimiento independentista saharaui, en ese momento en fase de crecimiento exponencial. Por desgracia, esto no impidió a Marruecos en 1975 invadir y ocupar esta parte del Sahara occidental, de controlar sus recursos naturales y empujar la resistencia de los civiles restantes en la clandestinidad. Los activistas sólo tuvieron a su disposición, durante más de una década, lo que Scott ha denominado « las armas de los débiles », es decir los actos de resistencia diarios pero subterráneos. Sólo en 1987, cuando un actor exterior importantes, la ONU, visitó el territorio, los activistas tomaron la decisión estratégica de ocupar la escena para una manifestación pública masiva. Aunque dicha manifestación fue duramente reprimida, la resistencia abierta se continuó durante las siguientes décadas y, con cada nueva intifada, se avanzaron nuevas reivindicaciones basadas en nuevas oportunidades percibidas por los activistas. Así, en 1999, los lemas abiertamente independentistas eran aún considerados demasiado arriesgados y permanecían en la sombra hasta que en 2005, se avanzaron algunas reivindicaciones humanitarias y socioeconómicas.

En 2010, 35 años después de que el POLISARIO hizo por primera vez de la soberanía sobre los fosfatos una demanda clave para el movimiento independentista, los aliados internacionales habían comenzado a trabajar con los saharauis sobre la cuestión de la explotación de las riquezas naturales, registrando algunos éxitos estimulando la desinversión frente a las grandes compañías petroleras. Los recursos naturales se convirtieron en la principal reivindicación del movimiento de Gdeim Izik, la mayor acción de protesta sin precedentes en el Sahara occidental. Esto contradice totalmente las afirmaciones vacuas de las compañías petroleras que intentaron obtener el consentimiento de la población saharaui para poder llevar a cabo la prospección y la explotación. Las ratificaciones no son simplemente ilegales (la legalidad internacional prohíbe la explotación de los recursos de un territorio ocupado a menos que su pueblo lo consienta), sino también mortales: a medida que la explotación de los recursos naturales se hace más intensa, los llamamientos hechos a la población saharaui para que reanude la lucha armada se hacen más frecuentes. Si los homólogos de Cairn, Kosmos y San Leon consiguen localizar las cantidades de petróleo económicamente explotables, esto tendrá consecuencias desbastadoras para los activistas independentistas saharauis. El futuro dirá si eso llevara al extremo una juventud en cólera.

Notas 

[1] El primer asentamiento fortificado de Villa Cisneros se estableció para la venta de vestimenta, alimentos, armas, espejos, barras de acero, asnos y caballos a los nómadas locales, a cambio de sus camellos, pieles de gacela, oro, goma arábiga y plumas de avestruz. Si embargo, el comercio nunca tomó cuerpo debido a los repetidos ataques saharauis contra los españoles. 

[2] La primera resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en este asunto fue la número 2229 (XXI) de diciembre de 1966, que instaba a España a conceder la autodeterminación de los pueblos de los territories de Sidi Ifni y Sáhara español.

[3] Para un análisis de la intifada de 1992 –de las Tres Ciudades– cf. Barona Castañeda (2015)

[4] Citado originalmente comos ‘Ahel essahra daau daau welkhaira ¯t illa yenba ¯‘u’ por Alice Wilson, a partir de un video de protestas filmado por Sahara Thawra. (Wilson 2013, 88).

[5] Los saharauis encargados de la organización del campamento aseguran que éste surgió en gran parte de un modo orgánico y no jerárquico, si bien una serie de activistas jóvenes asumieron un papel de liderazgo en la administración los diferentes aspectos del campamente y organizaron los comités necesarios a este fin.


[6] Ali Salem Tamek, uno de los líderes no oficiales de la resistencia en los territorios ocupados, afirma asimismo que los recursos naturales estaban en el corazón de las protestas de Gdeim Izik, al igual que los participantes de los grupos de discusión en Agadir (22.4.2014) y Marrakech (23.4.2014). (Conversación personal con Ali Salem Tamek, en el campamento de Auserd, Argelia 12.12.2015.)

[7] Véanse algunos ejemplos en www.wsrw.org.


[8] Véanse estas grabaciones de la protesta: https://www.youtube.com/watch?v=mChmF9tzHag. Sitio visitado por última vez el 04.01.2016


[9] Véase el apartado de petróleo y gas de la página web de la RASD: http://www.sadroilandgas.com.


[10] Para más información sobre este programa de acuerdos, véase Kamal (2015)

11 Mire el programa aquí http://stream.aljazeera.com/story/201511250121-0025099. Consultado por la última vez el 13 de enero de 2015.

12 Kosmos publicó una «Position Paper» (Exposición de Principios) en la cual afirma haber consultado «a los habitantes del territorio» por medio de un socio marroquí. Sin embargo, según todas las organizaciones saharauis de terreno mencionadas en esta exposición, solamente se consultaron los colonos marroquíes, a pesar de los incansables e inútiles intentos de los Saharauis de contactar Kosmos con el fin de ser incluidos en el proceso de consulta. Cairn no hizo ninguna tentativa de consultar los saharauis y no respondió a las cartas y a las solicitudes de cita enviadas por las organizaciones de la sociedad civil saharaui y los diputados británicos.

Agradecimientos

Gracias a Hamza Lakhal, Mohammed Saleh, Jalihenna Mohammed y Limam Mohamed Ali por haber facilitado considerablemente el trabajo de campo efectuado para este artículo, y a Wilf Wilde por haberlo inspirado. Gracias también a los activistas saharauis que participaron en las entrevistas, y a Hamza, Erik Hagen, Manuel Barcía Paz, Richard Cleminson; a los dos anónimos revisores críticos de la revista; y a los participantes del taller «Carbon Democracy and Revolution» de la Universidad de Durham para sus constructivos comentarios sobre las versiones iniciales de este artículo. 

Declaración

Ningún conflicto de interés potencial ha sido denunciado por la autora.

Referencias

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