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Marruecos: siguen las protestas en el Rif

Por Ricardo Ruiz de la Serna


El joven de 31 años Mohcine Fikri murió el pasado 28 de octubre destrozado por una trituradora de basura, a la que habían arrojado su mercancía. Desde entonces, las protestas se han ido sucediendo por todo el Rif y más allá.

Aunque después de los primeros días la indignación pareció mitigarse, el descontento sigue manifestándose y ha ido identificándose con el rostro de un joven de Alhucemas llamado Naser Zafzafi. Lo han entrevistado varios medios de comunicación y él ha ido desgranando el mensaje que moviliza a miles de rifeños por todo el norte de Marruecos, desde la frontera con Argelia hasta la Yebala.

Las protestas se difunden a través de las redes sociales y los digitales. Su público no son solo los jóvenes locales conectados a internet, sino la numerosísima diáspora rifeña que vive en Europa, en particular en Bélgica y los Países Bajos, que sigue con gran interés la evolución del llamado Movimiento Popular del Rif. En las manifestaciones y concentraciones abundan las banderas de la República del Rif, el Estado que proclamó Abd el Krim en 1921 en el territorio que controlaba, así como la bandera tricolor de los amazighen, los bereberes que habitan en todo el norte de África, desde Marruecos hasta Libia. Tampoco faltan los retratos del Al Mizian, caíd de los Beni Bu Gafa que antecedió a Abd el Krim como caudillo de los rebeldes.

Las protestas se reanudaron cuando terminó el luto por Fikri, es decir, a los 40 días de su muerte. La del pasado 10 de diciembre, hace apenas un mes, congregó en Alhucemas a decenas de miles de personas. Algunos hablan de cerca de cien mil. Pocos días después, Naser Zafzafi logró salir ileso de un intento de apuñalamiento en Nador, cuando unos desconocidos, que según algunos testigos iban borrachos y drogados, atacaron a un grupo de manifestantes con cuchillos y palos. Si pretendían intimidar a los manifestantes, han fracasado.

El surgimiento de movimientos de protesta en el Rif no es nuevo. Cada cierto tiempo, el descontento estalla en una de las regiones más pobres y deprimidas de Marruecos. Sin embargo, desde el año 2011 no se conocía nada tan resistente a los intentos de disolución. Hasta ahora, ni las promesas de investigación, ni las primeras detenciones, ni los pretendidos avances en el esclarecimiento de los hechos han logrado calmar la hogra, la indignación por el abuso de los débiles a manos de los poderosos, sino que más bien la han ido fortaleciendo. Las protestas han ido ampliándose a una agenda que excede la corrupción para entrar en la exigencia de reformas e inversiones que saquen al Rif de su postración histórica.

La brutal represión de los años 1958 y 1959 vuelve a la memoria de las generaciones más jóvenes. Sería exagerado hablar simplemente de nacionalismo; al menos, tal como se entiende en Europa. Tiene que ver más con el abandono que ha sufrido la región y el castigo colectivo que viene padeciendo, desde hace casi un siglo, por su rebeldía histórica frente al poder del Rey y elMajzén.

Junto a esa memoria transmitida a los más jóvenes, este movimiento ha encontrado en las redes sociales un instrumento formidable para sortear los impedimentos tradicionales -la censura, la infiltración policial, el miedo, las divisiones internas- que habían impedido la vertebración deorganizaciones sociales de oposición a gran escala. Solo los islamistas de Justicia y Caridad tenían algo parecido. En todo caso, sin la tolerancia de las autoridades era muy difícil construir ninguna protesta duradera. Cuando en 2011 nació el llamado Movimiento 20 de Febrero, que sacudió todo Marruecos, se sentó un precedente que estos jóvenes rifeños han tomado como ejemplo. No importa que la primera visita del rey Mohamed VI fuese a la región, ni que todos los años pase allí unos días de vacaciones. Es como si los manifestantes conociesen ya las técnicas de relaciones públicas que desactivan las manifestaciones sin dar ningún fruto.

Tal vez sea exagerado afirmar que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo movimiento nacionalista en el Rif. Sin embargo, llevan tres meses de protestas y no los han logrado desmovilizar ni agotar. Es cierto que el Estado aún no ha desplegado todos los recursos de que dispone -y, en Marruecos, esos recursos son muy poderosos-, pero cabría preguntarse si sería posible dadas las actuales circunstancias. Los tiempos han cambiado y los Años de Plomo pasaron. Ahora bien, algo van a tener que hacer las autoridades si quieren reconducir unas protestas que siguen inflamando la región. Por lo pronto, la diáspora rifeña observa y ayuda desde la distancia. En los Países Bajos se ha constituido un Comité Mohcine Fikri. Naser Zafzafi sigue agitando a la multitud. Habla sin papeles, tranquilo pero firme. Denuncia al Istiqlal y al Majzén. Sus vídeos se viralizan. Lo escuchan no sólo los jóvenes sin horizonte del Rif, sino las madres y las chicas más jóvenes, cuya influencia en la sociedad marroquí no se debe desdeñar en absoluto.

Las protestas en el Rif, ya digo, no se han detenido; antes bien, ha aparecido un líder y los manifestantes han ampliado sus reivindicaciones. Tal vez estemos asistiendo al nacimiento de unanueva fuerza de oposición en el panorama político y social del norte de Marruecos.

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